viernes, marzo 04, 2016

Casus Belli reabre sus puertas

Hace unos meses comentaba en este blog que, por diversas cuestiones personales, debía dar de baja el sitio Casus Belli, que mantengo desde 2001, porque no podía afrontar los gastos de su mantenimiento en un momento complejo de mis finanzas.

Afortunadamente estos tiempos pasaron, y con una nueva realidad económica en Argentina (que como siempre beneficia a unos y perjudica a otros, pero que ahora está cambiando radicalmente ciertas cuestiones personales) dispongo de dinero suficiente como para hacer frente a los gastos de mantenimiento.

¡Esto implica que Casus Belli vuelve a la vida!

De más está decir que esto me genera una gran alegría, porque este es un proyecto en el que estoy involucrado de manera personal y directa desde hace mucho tiempo. Como comentaba en la entrada ya mencionada, es casi mi hijo, porque aquí hice de todo, desde el código HTML hasta la investigación y redacción.

Me gustaría poder dedicarle mucho más tiempo y recursos, aunque lamentablemente por unos meses estaré totalmente abocado a otros proyectos, entre ellos un par de libros que espero se publiquen este año, además de mi carrera docente, que parece estar despegando de una vez por todas. Por eso no quiero prometer nada, pero la idea es que apenas pueda comiencen a llegar nuevos artículos al sitio y se reactive la publicación en este blog.

Desde ya les agradezco por la espera y por el tiempo que tomaron en leer esto. A los que no conozcan el sitio los invito a pasar y explorarlo; deseo que les guste y les interese.

miércoles, septiembre 30, 2015

La industria armamentística soviética en la 2º Guerra Mundial



La situación se hizo todavía más angustiante en 1941, cuando el enorme y repentino avance alemán suscitó la pérdida de valiosas industrias y fábricas. Ansioso por evitar esta pérdida de capacidad de producción, el gobierno soviético llevó a cabo un faraónico plan: la mudanza de todas las fábricas bélicas y de materiales relacionados detrás de la muralla de los Urales, una cadena montañosa que, por su distancia a las bases alemanas, impediría el bombardeo estratégico alemán.



La obligación de cubrir ciertas cuotas de producción, sumada a problemas típicos de la guerra y confusiones de órdenes, hacía a veces que ciertos vehículos o armas fueran construidos sin ningún standard, o que ciertas piezas fueran adaptadas e intercambiadas sin haber sido diseñadas para eso. Por ejemplo, durante el avance alemán de 1941, la fábrica de motores diesel V-2 de Jarkov, que enviaba sus plantas motrices a Leningrado para fabricar tanques, tuvo que ser abandonada. Esto provocó que una centena de tanques KV fuera completados con motores de gasolina modelo M-17, que eran utilizados en los tanques T-35.

En el campo de las armas de fuego para infantería, la capacidad de innovación era a veces casi nula. Se sabe que muchas unidades iban a la batalla con tan pocas armas que se les ordenaba a los soldados desarmados tomar los fusiles que sus camaradas muertos dejaran caer durante un avance.

En este contexto, la cantidad, y no la calidad, era lo más importante. Esto implicaba que muchas armas soviéticas de la época eran extremadamente duraderas, sencillas y bien diseñadas. Podían ser ensambladas y reparadas muy fácilmente por personal poco especializado. Tenían pocas piezas móviles que se pudieran gastar, y ningún mecanismo complejo que pudiera trabarse, por lo que a veces los alemanes las tenían en buena estima. Es decir, el hecho de que fueran baratas no implicaba que fueran malas, pero sí que no tuvieran ningún tipo de "detalles".

Se solía evitar el acero estampado, usándose generalmente metal laminado y labrado. Para no tener que hacer piezas complejas, se las dividía en partes y se las soldaba luego según una línea de montaje. Cuando las cuotas de producción aumentaban, se eliminaban procesos "cosméticos" como el pulido de las partes de madera. También se adaptaron muchas armas del pasado: ciertos fusiles muy largos, inadecuados para la guerra móvil de ese momento, se modernizaron recortándoseles los cañones y mejorando las culatas.

Los procesos finales se solían evitar, de hecho, en muchos casos. En muchos casos, como en Stalingrado, los tanques salían de la fábrica sin ser probados ni pintados, manejados por soldados que esperaban la finalización del ensamblaje o directamente por obreros que luego los acercaban al frente de combate.

El caso de los tanques es paradigmático: a diferencia de muchos coetaneos, los principales modelos soviéticos, el famoso T-34 y los KV-1 estaban muy mal diseñados en cuanto a distribución de la tripulación. Sus torres eran estrechas, dificultaban el escape en caso de incendio o explosión y hacían que ciertos puestos estuvieran sobrecargados de trabajo. Aunque esto luego se mejoró en parte, ciertos "detalles" siguieron sin mejorarse. Muchos tanques salían de las fábricas sin radios, lo que impedía la coordinación con otras unidades; a veces se les colocaban radios de otros tipos, por error o simplemente porque no había ninguna más para instalar. Esto causaba confusión entre las tripulaciones.

La mejora del modelo KV-1 y el traslado de las fábricas detrás de los Urales proporciona un ejemplo patente. Los KV-1 modelo 1940 utilizaban el cañón F-32; en julio de ese año comenzó a fabricarse el modelo 1941, que utilizaba el cañón ZIS-5 (prácticamente idéntico al F-34 utilizado por el T-34, para estandarizar), que era un poco más largo. Sin embargo los dos modelos se siguieron fabricando juntos ya que había grandes existencias del cañón F-32, y había que agotarlas. Igualmente, hubo ejemplares fabricados con la torre de soldadura original, y otros ensamblados con la torre nueva, que tenía blindaje reforzado.

No había ningún tipo de denominación para este tipo de subvariantes, porque la combinación de elementos nuevos y viejos era imposible de rastraer. Por la forma en que se almacenaban los componentes en las fábricas, a veces los más nuevos tapaban a los más viejos, o estos quedaban mezclados. Como había que cumplir las cuotas de producción, estos componentes y partes eran tomados por los obreros sin preguntar mucho.

Fue así que en esa época de transición, además de lo ya comentado, también se utilizaban torres de partes soldadas y de fundición, ya que provenían de diferentes contratistas. Incluso el cañón F-32 seguía apareciendo cada tanto en partidas esporádicas, lo que hacía que modelos más nuevos del KV-1 volvieran a usar el cañón más viejo. Es más, se utilizaba a veces el cañón F-34, cuando no se tenían los cañones adecuados a mano. También se utilizaban radios de avión, cuando faltaban las originales.

Para finalizar, solo queda hablar un poco de las condiciones de trabajo. Prácticamente todo el que no combatía estaba en una fábrica: desde adolescentes hasta ancianos y amas de casa debían cumplir sus cuotas. Se trabajaba entre 12 y 16 horas al día, seis días a la semana. Muchas veces se dormía en las mismas fábricas, junto a las máquinas o en cualquier otro lugar, mientras otro turno de producción tomaba ese lugar. Cualquier forma de mejorar la producción en masa era adoptada y premiada, pero todo lo que demorara demasiado la fabricación, aunque diera lugar a un producto mejor, era mirado con recelo.

Obviamente, esto hacía que muchas veces hubiera accidentes, confusiones y mal uso de ciertos elementos, ya que los obreros no solo trabajaban bajo enorme presión, sino que tenían pocos conocimientos técnicos o de otro tipo. Un ejemplo típico fue lo que sucedió con ciertas partidas de tanques pesados: en 1943 se apilaron las quejas por roturas de los dientes de los engranajes de la transmisión. Al rastrearse el problema, se descubrió que los empleados de una fábrica, jóvenes sin calificación, estaban usando discos de acero cromados, pensados para hacer aros de cojinetes, en lugar de discos de una aleación especial de acero duro. Como ambos discos eran muy similares en bruto, y estaban en lugares muy cercanos de la fábrica, habían sido tomados como materia prima de piezas totalmente diferentes.

martes, agosto 04, 2015

El fiasco naval ruso en Tsushima

En 1905, al iniciarse la guerra ruso-japonesa, el almirante Zinovy Petrovich Rozhesvensky fue puesto a cargo de la Flota Rusa del Báltico, que debía llegar hasta Japón para atacar a sus fuerzas.

Esto sucedía porque Rusia, que estaba empezando a tener roces militares y diplomáticos con un Japón cada vez más industrializado y expansionista, había perdido casi todas sus unidades navales en Asia. La Flota Rusa del Pacífico había sido atacada por sorpresa y destruida en la batalla de Shantung, que tuvo lugar el 10 de agosto de 1904. Lo poco que quedaba de la flota estaba bajo asedio en Port Arthur (actual China), y debía ser socorrida. Ante la preocupación y el enojo de los rusos, el Zar Nicolás II tuvo que ordenar la movilización apresurada de la mencionada flota.

El almirante Rozhesvensky era respetado por su gran temperamento y por cómo trataba a sus subordinados: lo llamaban "Perro loco". Sin embargo, todo su carácter no le servía de nada frente a la misión encomendada, y rápidamente se sumió en la depresión. Era prácticamente imposible que la flota pudiera cumplir su objetivo. Rusia era una nación atrasada, cultural, militar y tecnológicamente, gracias a la política de despilfarro y tradicionalismo propia de los zares. Por otra parte, Japón había pasado por una época sangrienta en la que todas sus antiguas estructuras feudales habían sido arrasadas, y ahora fabricaba o importaba gran cantidad de tecnologías nuevas, incluyendo las militares. Como toda nación en proceso de industrialización acelerada, buscaba materias primas y mercados, por lo que estaba convirtiéndose también en una potencia cultural y económica en la región. Su ejército y su flota estaban muy motivados, bien entrenados y pagados, y poseían mucho del mejor armamento occidental y nacional disponible.

De manera que el vicealmirante sabía que se enfrentaba a una nación con navíos modernos y muy bien equipados, mientras que los suyos eran totalmente inadecuados. En Rusia se estaban terminando un puñado de acorazados modernos, pero no estaban en condiciones de combatir. La Flota del Báltico era un mosaico variopinto de todo tipo de buques. Algunos eran nuevos y bastante modernos, pero sus tripulaciones no tenían experiencia. Otros estaban siendo terminados, por lo que no podían entrar en combate todavía. Sin embargo, la mayoría de las naves eran muy anticuadas y estaban diseñadas para aguas costeras. Debido a la incompetencia militar y política de los últimos años, no existían familias de naves similares, ni clases: muchos buques eran totalmente diferentes entre sí, con diseños inadecuados. Existían todavía buques de madera o con un gran componente de madera. Otras eran naves muy pesadas, con motores gastados y antiguos.

Con tripulaciones poco entrenadas, naves lentas y peligrosamente antiguas, la Flota Rusa del Báltico tenía que ir hasta Japón por la ruta más larga. No podía navegar por el Círculo Polar Ártico ya que ho había bases disponibles ni rompehielos que los asistieran. Esto implicaba navegar por el Mediterráneo y el Índico, en donde tampoco existían bases de reaprovicionamiento ni lugares en donde se pudieran reparar a fondo los buques. La travesía, de muchos meses, sería eterna (se recorrieron 33.000 kilómetros), y la misión que pedía el Zar, prácticamente imposible.

En estas condiciones, la Flota del Báltico zarpó el 15 de octubre de 1904, siendo despedida por el mismo Zar. Rápidamente quedó demostrado que todo estaba condenado al fracaso. La masa de los barcos era tan importante que no sólo comprometía su velocidad, sino también su estabilidad. Para solucionar esto Rozhesvensky tuvo que dar órdenes de no izar banderines y estandartes en los palos, a excepción de los imprescindibles. Tampoco se podía llevar armamento secundario sobre la cubierta. Sería solo el comienzo: se sabe que Rozhesvensky padeció de migrañas durante gran parte del viaje y que terminó entrando en crisis nerviosas al saber que todo ese esfuerzo sería en vano.

Mientras todavía estaban en el Mar Báltico y el Mar del Norte, muy lejos de Japón, la moral estaba tan baja que los vigías veían torpederas japonesas por todas partes. Esto dio lugar al conocido incidente de Dogger Bank.

Las torpederas eran naves de nuevo diseño, que resultaban particularmente estresantes para los marinos porque eran pequeñas, rápidas, difíciles de distinguir en el horizonte y por lo tanto, difíciles de hundir. No utilizaban cañones, sino una nueva pesadilla: los torpedos. Con buques no adecuados para este tipo de armas, lentos y poco maniobrables, eran el tipo de arma que podía causar enormes bajas.

Al nerviosismo natural de las tripulaciones poco entrenadas, se le sumó una serie de informes equivocados de la inteligencia rusa. Cuando la flota estaba cerca del puerto británico de Hull, el almirante ruso recibió comunicados de su almirantazgo que decían que cuatro torpederos, construidos en Inglaterra para la flota japonesa, habían salido de astilleros británicos cercanos, tripulados por marinos japoneses, y se dirigían a interceptar la flota.

En este contexto, era obvio que habría un incidente diplomático, pero la cosa escaló todavía más. El 21 de ocubre, por la tarde, el capitán del Kamchatka, una nave rusa de suministros que navegaba al final de la flota, informó que los seguía una torpedera japonesa. En realidad, el buque avistado era un barco sueco que estaba de paso por la zona. El Kamchatka lo atacó con las armas disponibles, avisó de la acción y encendió la mecha.

El día siguiente, por la mañana, la niebla materializó los temores de los marineros rusos, que confundieron una flota pesquera de 48 buques británicos con un ataque japonés en gran escala. En las siguientes horas, los disparos de los navíos rusos hundieron al pesquero Crane, matando a su capitán y primer oficial. Seis marinos más fueron heridos, en otros buques, uno de ellos de gravedad, que murió más tarde.

La situación tuvo rivetes tragicómicos: uno esperaría que una flota de guerra, enfrentada con un enemigo tan equivocado como indefenso, hundiera más barcos. La realidad era que la falta de entrenamiento y el pésimo estado de las armas evitó una catástrofe. Incluso así, el giro del final fue impensado: muchos buques rusos se dispararon entre sí. El crucero Aurora fue confundido con una nave japonesa y fue seriamente dañado por obues amigos, muriendo un marinero y quedando otro gravemente herido. En otras naves hubo diversa cantidad de heridos debido a esquirlas y explosiones lejanas. Irónicamente, la mala calidad de la artillería fue la salvación de amigos y "enemigos": el crucero Oryol informó de unos 500 disparos que no hicieron blanco en ningún buque. En la zona también había, aparentemente, un pesquero alemán y una goleta francesa, contra los que se dispararon unos 300 disparos sin resultado aparente.


Un largo viaje... más largo todavía
Las consecuencias no se hicieron esperar. Ante tamaño zafarrancho, la opinión pública británica criticó fuertemente a los rusos. Por si fuera poco, Gran Bretaña en ese momento tenía una alianza con Japón, por lo que aquello pudo haber sido considerado un acto de guerra. Faltó poco para que la flota inglesa zarpara para hundir a los buques rusos.

Pero aunque los diplomáticos rusos pudieron solucionar en parte el problema, evitando otra batalla y una guerra, el viaje de la flota rusa se entorpeció en gran medida por esta acción. Se les prohibió utilizar el Canal de Suez y los puertos británicos, por lo que en lugar de ingresar al Mediterráneo para llegar al Océano Índico, tuvieron que circunnavegar todo el continente africano. Aquello no sirvió más que para propiciar la victoria japonesa.

Además, la opinión pública inglesa y la presión inglesa sobre otras naciones, hicieron que se le vedara a la flota el uso de muchos puertos neutrales en los que ya estaban programados valiosos operativos de reabastecimiento y reparaciones.

Poderosos cruceros de batalla de la Royal Navy escoltaron a la Flota Rusa del Báltico por el Atlántico. Finalmente todo el incidente fue juzgado por comités internacionales, el gobierno ruso pagó grandes sumas en compensaciones y aceptó que ciertos oficiales fueran arrestados y enjuiciados como responsables de todo. Sin embargo, esto no hizo más que agrandar el preanunciado escándalo que sería toda la operación militar.


El resto del viaje
Lo que siguió fue tedioso, pero no menos angustiante. Parte de la flota finalmente pudo pasar por el canal de Suez, posiblemente gracias a alguna negociación diplomática, pero la mayoría de las naves tuvo que darle la vuelta a África. Las tripulaciones, descontentas, no tenían mucho para hacer, más que preocuparse, sin poder bajar a puerto. Finalmente las dos partes de la flota se encontraron en la salida del mar Rojo, tomando rumbo hacia Indochina.

La larga travesía también le costó caro a los buques de la flota. Movidos por calderas de vapor, necesitaban constante suministro de carbón. En otras circunstancias, el reabastecimiento hubiera sido más sencillo, pero el conflicto con Inglaterra hizo que no se pudiera atracar en ciertos puertos, incluso neutrales. Esto hizo que la flota rusa tuviera que organizar convoyes de buques carboneros, que debían descargar su carga en puertos asignados para que luego la flota pudiera reabastecerse. La cantidad de barcos era muy grande, y como muchos eran de gran calado, la escasa flota mercante rusa no era suficiente, por lo que el gobierno ruso tuvo que contratar los servicios de empresas de transporte de países neutrales.

Esto trajo nuevos quebraderos de cabeza, tanto diplomáticos como económicos. En más de una ocasión, los barcos llegaban a puerto y no tenían carbón disponible, por lo que tenían que esperar varios días para reanudar la marcha. Al menos una vez, el traspaso de carbón tuvo que efectuarse en altamar, una operación tan lenta como riesgosa.

Por si fuera poco, este trajín traía aparejado un desgaste enorme en la maquinaria. Las calderas de vapor no pueden apagarse y encenderse muchas veces, ya que se deterioran: es mejor mantenerlas siempre encendidas y a cierta temperatura. La escasez de carbón atacó entonces la movilidad de la flota y su confiabilidad. Otro detalle, que surgió durante la batalla, fue la decreciente velocidad de las naves. Al haber navegado por muchos mares, muchas especies animales y vegetales se habían adherido al metal debajo de la línea de flotación de los buques. Generalmente este tipo de elementos se quitan al pasar unos días en puerto, pero la flota no tuvo ni lugares adecuados ni tiempo como para encarar ese tipo de mantenimiento, por lo que, al llegar a la batalla, el peso y el arrastre le quitaron algunos vitales nudos a las naves más grandes.

A esto había que agregarle más puntos oscuros. El Zar no había tenido mejor idea que enviar refuerzos. Rozhesvensky, sabiendo que se trataba de buques todavía más anticuados e inútiles, ordenó aumentar la velocidad para que ese lastre no comprometiera más la supervivencia de los suyos. Más adelante, descontento con el trabajo de este militar, el Zar le ordenó no solo destruir la flota japonesa, sino volver luego para ser destituido. El almirante no estaba, decididamente, muy motivado para cumplir con su tarea.

De hecho, no le sobraban motivos para el asombro y la decepción. Rozhesvensky, famoso por su puntería cuando era un oficial joven, hizo que sus naves practicaran tiro al blanco luego del desastre en aguas inglesas. Durante una de estas prácticas de artillerías, varios de sus destructores erraron muchos disparos a una serie de blancos estacionarios. Lo único que lograron impactar fue el barco remolcador de blancos.

También se realizaron prácticas con torpedos. Sin embargo, faltaban libros de códigos actualizados, por lo que no existía buena comunicación. La confusión hizo que se lanzaran torpedos en todas las direcciones. Una de las prácticas fue particularmente terrorífica: en esta, de seis torpedos lanzados, uno se atascó, dos giraron 90º, estrellándose en un puerto cercano, otros dos siguieron el rumbo fijado pero fallaron, y el último comenzó a dar vueltas de manera descontrolada, sumergiéndose y emergiendo mientras aterrorizaba a toda la flota.

La tensión nerviosa en los buques rusos no era patrimonio del almirante: no debía haber un solo marinero que confiara en sus buques, sus armas y sus compañeros.


La batalla
La misión de la Flota Rusa del Báltico era atacar a la flota japonesa que había estado asediando Port Arthur. Sin embargo, durante el largo viaje hacia esa parte de la actual China, el objetivo había cambiado. Las unidades navales japonesas habian dispersado a las pocas unidades rusas sobrevivientes y habían tomado finalmente la ciudad. Por lo tanto se ordenó a la flota rusa que enfilara hacia el puerto de Vladivostok, que estaba siendo amenazado de igual manera.

Para llegar a este punto desde el lugar en donde estaban, la flota rusa podía tomar tres estrechos. El almirante Rozhesvensky tomó, lamentablemente, el que su antagonista japonés, el almirante Heichachiro Togo, había previsto: el estrecho de Tsushima. Era la ruta más sencilla, por lo que era también la más previsible. Se trata de un estrecho que comprende una zona cercana a dicha isla, más o menos entre las islas Kyushu y la península coreana.

De manera que los rusos ni siquiera tuvieron el factor sorpresa. Dos de sus buques hospitales, que estaban rezagados, fueron avistados por un crucero japonés mientras navegaban con las luces encendidas.

Las dos flotas comenzaron a acercarse para inicial el combate el día 27 de mayo, por la tarde, a pocas horas del comienzo de la noche.

Los japoneses comenzaron a hacer uso de una de sus grandes ventajas: su sistema de comunicación inalámbrica, la radio. Los rusos también la tenían, pero sus sistemas de origen alemán tuvieron problemas durante toda la batalla y no estaban instalados en todos los buques. Los japoneses tenían un sistema de origen nacional, y como sus buques eran más nuevos, todos o casi todos lo tenían disponible.

Esta ventaja resultó vital, sobre todo en horas de poca visibilidad y durante el combate. Togo hizo que su flota maniobrara admirablemente, utilizando tácticas novedosas que quedarían en los libros de texto, para que sus buques tuvieran superioridad de fuego. Las hostilidades comenzaron cuando la flota estuvo más o menos a unos 6.200 metros.

Nuevamente la flota japonesa tenía la ventaja. Togo, sabiendo que el combate era decisivo, había hecho que sus artilleros entrenaran considerablemente en los últimos días. Con una puntería superior y cañones más modernos, la flota japonesa machacó rápidamente a la rusa, acertando muchos blancos. Algo que, por lo que vimos previamente, no era nada fácil para sus camaradas rusos.

Pero si la cantidad de impactos acertados por los japoneses era mayor, también era mayor el daño que producía cada uno. Muchos de los buques rusos eran anticuados: tenían muchas partes de madera o de blindaje ligero. Los japoneses utilizaban una combinación especial de explosivo, llamado por ellos "shimose", que estallaba al contacto. Esto hizo que muchos navíos enemigos perdieran rápidamente sus estructuras superiores, ya fueran mástiles, antenas, chimeneas, etc. Además, al estallar cerca de la cubierta, causó muchos heridos por esquirlas dentro de los marinos que estaban en ella y en los servidores de las baterías artilleras de segunda línea, que no estaban protegidas por torretas. Por si fuera poco, las partes hechas de madera comenzaron a arder rápidamente: los buques rusos que no se hundían se incendiaban a los pocos disparos.

En línea general, todo conspiraba contra los rusos. Como comentamos en las líneas anteriores, los impactos indirectos de la artillería japonesa rápidamente dejaron fuera de servicio a las baterías secundarias, quedando los buques sólo equipados con sus cañones principales. Por si fuera poco, el humo de los incendios de sus propios navíos comenzó a dificultar la puntería. A esto se le sumaba, por parte rusa, el uso de la anticuada pólvora negra. Esta crea enormes nubes de humo, lo que hacía que, después de un disparo, fuera muy difícil volver a apuntar los cañones, ya que los artilleros no podían ver nada. Finalmente, los rusos utilizaban munición perforante antiblindaje, no explosiva: solo dañaba al buque enemigo si lo impactaba sobre la línea de flotación, y si lo hacía, solo causaba daños internos, muchas veces sin causan grandes bajas ni incendios.

Previamente mencionamos que la velocidad de los rusos era inferior debido a la presencia de flora y fauna en sus cascos, luego de muchos meses de no poder atracar en puertos para realizar una limpieza. Esto empeoraba la ya de por sí escasa velocidad de muchos buques rusos; mientras la Flota del Báltico tenía una velocidad promedio de 8 nudos (unos 15 km/h), la velocidad promedio de la escuadra japonesa era del doble.

Si sumamos todo esto, el resultado está claramente contra los rusos. Sus buques rápidamente quedaron incapacitados, y la flota perdió capacidad de combate, al perder poder de fuego y mucho personal, no solo por las bajas, sino porque decenas de marineros tenían que dejar de combatir para apagar los incendios generados en sus buques. Mientras eso sucedía, la artillería principal y secundaria de los buques japoneses continuaba machacando a la flota rusa.

Los comandantes no querían saber nada con rendirse, y aunque los marineros rusos hicieron todo lo posible, los buques japoneses eran muy superiores tanto en entrenamiento como en capacidad, siendo mucho más modernos. Como ejemplo basta un solo dato: naves rusas hicieron impacto 16 veces en el acorazado Mikasa, el buque principal japonés, sin que pudieran hundirlo o incapacitarlo.

En pocos minutos la destrucción de la Flota Rusa del Báltico fue definitiva. Rozhesvensky quedó fuera de combate poco tiempo después del inicio del combate, cuando el fragmento de un proyectil le golpeó en la cabeza. Durante esa fase del combate, se perdieron los acorazados Suvorov, Osliabia, Zar Alejandro III y Borodin. El almirante Togo le ordenó a sus hombres que remataran a estos y otros buques utilizando torpedos, para así poder concentrar su fuego en unidades menos dañadas. Esta estrategia aumentó todavía más los daños del lado ruso. Por otro lado, la flota japonesa solo tuvo daños menores, principalmente los ya mencionados en el buque Mikasa. El contraalmirante Nebogatov tuvo que tomar el mando luego de resultar herido Rozhesvensky.

Cayó la noche, y tal vez muchos marineros rusos pensaron que todo había terminado. Pero no fue así. Los japoneses hicieron uso de sus torpederos y destructores para acosar a los buques rusos; la flota se había desmembrado al perder a sus naves principales, tratando de seguir camino hacia el norte en pequeños grupos. Durante la noche, el acorazado Veliki y dos cruceros fueron tan dañados que tuvieron que ser abandonados y hundidos la mañana siguiente.

No fueron los únicos. Durante el día 28, lo que quedaba de la flota fue atacada sin piedad por las unidades japonesas. Cuatro acorazados, que estaban bajo órdenes directas de Nebogatov, tuvieron que entregarse, al darse cuenta de que no podrían enfrentarse con posibilidades de éxito: de estos cuatro, solo uno, el Orel, era un acorazado moderno, siendo los otros dos uno muy anticuado, el Zar Nicolás I, y dos acorazados pequeños que eran unidades costeras.

Ese mismo día, otro acorazado costero, el Almirante Ushakov, que se negó a rendirse, fue hundido por cruceros japoneses. Hubo espacio para todo tipo de coraje, aunque inútil: el viejo crucero Dmitri Donskói se batió a duelo con nada más ni nada menos que 6 cruceros japoneses, pero resultó tan dañado que tuvo que ser hundido por su tripulación el día 29.

Solo unos pocos tuvieron suerte. Tres cruceros lograron escaparse a la base naval de Estados Unidos en Manila, Filipinas. Allí fueron internados ya que EEUU era un país neutral. Solamente un yate armado rápido y dos destructores lograron llegar a Vladivostok, en donde no fueron de mucha ayuda.

Esto hizo que prácticamente toda la Flota Rusa del Báltico pereciera en la batalla de Tsushima, al costo de tres buques torpederos japoneses.


Las consecuencias
Tsushima fue importante en la historia militar por muchas razones.

En primer lugar, fue un enorme sacudón para la geopolítica de la época. Por primera vez, una nación oriental, supuestamente "atrasada", había no solo derrotado, sino aplastado, a una nación occidental, nada menos que a un imperio tan grande y tradicional como el ruso. Hasta ese momento, tanto China como Japón habían sido manipuladas y manejadas casi como colonias por diversas naciones europeas, que de hecho tenían en territorio asiático muchos intereses. A partir de ese día, Japón se ganó un espacio en el mundo desarrollado, al demostrar que su tecnología militar podía competir con la de cualquiera.

Por el lado ruso, fue el detonante de la caída del Imperio. Aunque tomó una década más (terminando con la revolución de octubre en 1917), la catástrofe militar llenó de vergüenza a una casta dirigente corrupta y extremadamente conservadora, que seguía pensando como en el Siglo XIX y que no se preocupaba por equipar adecuadamente a sus tropas. Una nación en donde la mayoría de la población era analfabeta y vivía en condiciones de gran pobreza material y cultural. La derrota potenció los reclamos sociales de muchos sectores y debilitó moral y políticamente a todos los gobernantes, incluyendo al Zar, responsable directo de muchas de las decisiones catastróficas.

Afortunadamente, la compasión y la racionalidad de los militares rusos fue mayor que la de muchos de sus superiores. Enfrentado al fracaso inútil, Nebogatov, que había quedado al mando de los restos de la flota, decidió rendirla para salvar a sus hombres, un gesto humano que muchos de sus colegas no hubieran imitado, buscando una falsa gloria. El contraalmirante le dijo a sus hombres: "Puedo soportar la vergüenza de la rendición, pero no podría soportar vuestras inútiles muertes sobre mi conciencia".

El infortunado almirante Rozhesvensky fue capturado vivo pero gravemente herido, y trasladado inmediatamente a Japón. Allí logró recuperarse de sus heridas y recibió la visita de Togo, que felicitó al almirante ruso por el valor demostrado por sus marinos.

Es aquí donde también podemos mencionar un par de curiosidades de la batalla. Fue el último combate naval en la que los buques principales de la flota derrotada se rindieron en alta mar. También, fue la única batalla naval decisiva en la que intervinieron varios acorazados modernos, y la primera batalla naval en la que la radiocomunicación tuvo un papel crucial. Es decir, fue el parteaguas de una época: el final, apoteótico, de la era de las flotas de acorazados y grandes buques de línea, y el comienzo de una época dominada por los torpedos, la radio y más adelante, la aviación y los submarinos.

Fue, en definitiva, una de las batallas más únicas de la historia naval.

lunes, julio 27, 2015

¿Cómo se detectaban aviones enemigos antes del radar?

Es muy conocida la historia de la creación del radar por científicos ingleses, que gracias a este oportuno descubrimiento pudieron torcer el brazo aéreo alemán, salvando a su país de la devastación total y evitando una posible derrota.

Sin embargo, los aviones como herramienta militar existieron por casi tres décadas antes de ese momento histórico. Durante estos largos años, que incluyeron otra guerra mundial, las formas de detección eran mucho más extrañas y primitivas.

Todas incluían el sonido. Y para escuchar bien, nada mejor que un buen par de orejeras.

Con una estructura de tela y madera, los aviones de la época eran frágiles. No tenían cabinas presurizadas, de manera que volaban relativamente bajo, ya que no podían elevarse a alturas en las que el aire fuera escaso. Además, los motores tendían a ser grandes y generalmente ruidosos: no había espacio ni capacidad de carga para carenarlos bien o ponerles pesadas cubiertas que eliminaran el ruido. Por lo que, si uno tenía un oído en el cielo, podía llegar a escuchar, con cierta anticipación, la llegada de una escuadra enemiga. Incluso, con algo de suerte, a un avión solitario.

De manera que rápidamente, muchas naciones comenzaron a experimentar con todo tipo de implementos que pudieran aumentar la capacidad auditiva de los vigías. Estos iban desde aparatos individuales, como los de la figura a la derecha, como otros, más aparatosos y menos portátiles, que parecen todavía más chistosos:


La eficacia de estos aparatos era muy relativa, ya que el viento, la diferencia de temperaturas en capas del aire, la humedad y otros factores hacen que el sonido viaje más lento, se disperse o rebote, lo que muchas veces no ayudaba en nada. Sin embargo, como suele decirse, estos aparatos eran mejor que no tener nada.

domingo, julio 12, 2015

Clase Guiseppe Garibaldi: barcos para cuatro naciones

Actualmente uno de los principales factores que deciden la compra de material bélico es si están hechos o no en el país que pretende comprarlos. Las naciones son celosas de sus joyas militares y no siempre gustan de comprarlas fuera, a menos que sean muy superiores a lo que se puede producir en su país.

Sin embargo esto no siempre fue posible, ya que a veces un país no ha tenido la capacidad de crear cierto tipo de armamento o vehículos especializados. Incluso más, a veces se nutrían de naves y armas capturadas al enemigo en batallas pasadas.

Un caso curioso fue el de la clase de cruceros acorazados Guiseppe Garibaldi, desarrollados en Italia hacia fines del siglo XIX. En ese momento de transición entre muchas corrientes de diseño naval y todo tipo de novedades metalúrgicas, de cañones y municiones, y de otros tipos, muchos países deseaban ponerle los dientes a diseños novedosos, tan bien armados como veloces y protegidos. Para colmo, muchas naciones recientemente independizadas (o que se habían independizado tiempo atrás pero ahora se asomaban a la estabibilidad y el crecimiento) empezaban a competir con las naciones europeas, o entre sí. Ciertos países no disponían de astilleros grandes o de una industria metalúrgica importante, por lo que debían buscar estas naves fuera de sus fronteras. El mercado de armas, y sobre todo de buques, estaba en alza gracias a estas demandas y a las constantes invenciones.

En este contexto, la Regia Marina de Italia desarrolló una clase de buques que pudiera competir en velocidad con sus homólogos extranjeros. Buscando naves con gran velocidad y también mucho poder de fuego, se concentraron en el concepto del crucero acorazado: buques que pudieran batirse con los acorazados gracias a su mayor velocidad y maniobrabilidad, pero manteniendo piezas de artillería de considerable calibre.

Se desarrolló así la clase Garibaldi: buques relativamente ligeros, de 7.300 toneladas, con una pieza de 254 mm, dos de 203 mm, 14 de 152 mm y otras de menor porte (incluyendo ametralladoras y cuatro tubos lanzatorpedos de 450 mm), con una protección moderada y una velocidad de unos 20 nudos.

Lejos estaban de saber estos diseñadores todos los vericuetos de producción que tendría esta extensa familia de buques, que terminaron sirviendo a cuatro banderas.


Los pedidos

Las dos primeras unidades fueron pedidas por Italia en 1893, y fueron denominadas Guiseppe Garibaldi y Varese.

Pero no todo quedó así. Argentina, un país con enormes lazos culturales y económicos con Italia, estaba teniendo roces fronterizos con Chile, por lo que rápidamente solicitó comprar estos buques en construcción. Siendo que ambos países eran amigos y que Italia no los requería con tanta premura, se hizo el acuerdo, siendo rebautizados como ARA Garibaldi y ARA San Martín.

El Cristóbal Colón, hundido en Cuba durante la Guerra
Hispano-Estadounidense de 1898.
Para sustituir las dos unidades vendidas, la Regia Marina pidió dos buques más, que iban a ser nombrados de la manera anterior. Pero la necesidad de poderío naval argentino era mayor; este país compró estas dos nuevas unidades antes de que fueran terminadas. Una la nombró ARA General Belgrano, pero irónicamente, revendió la segunda a España, país con quien estaba reconstruyendo relaciones de amistad luego de su independencia. Esta cuarta unidad de la clase Garibaldi fue nombrada, entonces, Cristóbal Colón.

Pero Argentina no se quedó quieta, porque Chile también quería estos buques. Tras varios intentos de compra chilenos, una quinta unidad de la clase Garibaldi fue comprada a Italia por Argentina, en donde fue bautizada como ARA Pueyrredón.

En un extraño caso de una nación que le arrebata a otra las armas que está construyendo, Argentina, que en esa época florecía económicamente, había comprado las primeras cinco naves producidas por Italia.

Recién en 1899 la Regia Marina pudo botar sus primeros buques de la clase: el Giusseppe Garibaldi, el Varese y uno más, el Francesco Ferruccio; entrarían en servicio pocos años más tarde.


Sin embargo, las relaciones entre Argentina y Chile seguían siendo inestables, por lo que, a pesar de disponer de cuatro de estas naves, Argentina encargó dos más. Italia estaba construyendo estas unidades para su propia armada, y se pensaba llamarlas Mitra y Roca. Nuevamente Argentina compró estas unidades en el astillero, sin que llegaran a entrar en servicio italiano. Estos buques, que deberían llevar el nombre de Bernardino Rivadavia y Mariano Moreno, fueron comprados en 1902, cuando Italia ya disponía de los tres ya mencionados.

Cuando todavía estaban siendo construidos, se llegó a un acuerdo diplomático con Chile, que congeló la posibilidad de una guerra. Siendo que estos buques ya no se necesitaban, Argentina, en un gesto de buena voluntad que sería recordado por mucho tiempo por las autoridades japonesas, le vendió los derechos de construcción a este país oriental. Japón estaba comenzando a experimentar fricciones diplomáticas con Rusia, por lo que necesitaba urgentemente buques modernos, capaces de hacer frente a la flota del Zar. Fue así que estos buques fueron rebautizados como Kasuga y Nisshin (dandole el Kasuga nombre a la clase de buques dentro de la armada japonesa).

Constituyó un récord en la época que Italia construyera diez buques de un mismo tipo en aquella época, sobre todo teniendo en cuenta que se trataba de naves de gran desplazamiento e importante armamento. Otro récord, además, es el hecho de que estos navíos hayan defendido las banderas de cuatro naciones.


Las historias

Estas diez naves tuvieron historias muy dispares, a veces tranquilas, a veces muy agitadas, que vale la pena repasar.


Argentina
  • El ARA Garibaldi fue botado en 1895 y entró en servicio el año siguiente, permaneciendo en actividad hasta 1934. Fue desguazado en astilleros suecos entre 1936 y 1937.
  • El ARA San Martín fue botado también en 1895, pero entró en servicio recién en 1898, siendo dado de baja en 1935 y desguazado recién en 1947. Este buque cambió la pieza de 254 mm para montar cuatro de 203 mm en dos torres dobles.
  • El ARA General Belgrano entró en servicio en 1898, siendo dado de baja en 1947.
  • El ARA Pueyrredón fue botado en 1898 y entró en servicio ese mismo año, siendo dado de baja en 1954 y desguazado en Baltimore, Estados Unidos.
Un dato a tener en cuenta en estos buques fue que, a excepción del San Martín, se cambiaron los dos cañones de 203 mm por una segunda pieza de 254 mm.

España
  •  El Cristóbal Colón fue primero un pedido italiano, comprado por Argentina y luego revendido a España. Fue botado en 1896 y dado de alta en los registros españoles al año siguiente. Estaba planeado que llevara dos piezas de 254 mm (y ninguna de 203 mm, como en la mayoría de los buques argentinos), pero los dos cañones ofrecidos tenían defectos de fabricación graves, que los hacían inservibles (luego se descubrió que habían sido rechazados previamente por la Regia Marina para un acorazado propio). Este buque podría haber tenido un rol importante en la siguiente guerra con Estados Unidos, pero para ese momento seguía sin tener armamento principal, ya que el bloqueo y otras situaciones imposibilitaron a España de comprar cañones adecuados. El buque fue hundido en acción durante la batalla naval de Santiago de Cuba, el 3 de julio de 1898, sin poder hacer mucho para defender su bandera.

Italia
  •  El Guisseppe Garibaldi, que teóricamente debió ser el primer buque de esta clase, realmente fue el quinto. Botado en 1899, entró en servicio en 1901. Participó activamente de la Primera Guerra Mundial, siendo torpedeado y hundido por el submarino austríaco U4 en 1915. Se demostró así que la protección de esta clase bajo la superficie no era muy adecuada.
  • El Varese tuvo mejor suerte. Botado en 1899 y entrando en servicio pocos días antes que el Garibaldi, también sirvió durante la Gran Guerra, a la que sobrevivió. Fue dado de baja en 1929, siendo utilizado antes como buque escuela por un tiempo.
  • El Francesco Ferruccio tuvo una historia similar. Fue botado en 1902 pero recién entró en servicio tres años más tarde. También sirvió como buque escuela en la etapa final de su vida activa, que terminó en 1930.
Japón
  •  El Kasuga, originalmente llamado Mitra por los italianos y luego Bernardino Rivadavia por los argentinos, fue botado a fines de 1902 y entró en servicio japonés a comienzos de 1904, justo cuando la guerra con Rusia estaba por estallar. Tuvo una historia extraña. En Japón se le modificó el armamento antes de entrar en guerra, posiblemente para adecuarlo a los standares nacionales. En 1914 fue modernizado junto con el Nisshin, cambiandose las calderas; cuatro años más tarde encalló en Indonesia y permaneció así por seis meses. En 1927 se lo clasificó como buque de entrenamiento, y años más tarde se redujo su armamento y tripulación, ya que se lo consideraba obsoleto, y se lo reclasificó como guardacostas. En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, se le quitó todo el armamento remanente y se lo convirtió en un pontón. No sobrevivió a la guerra por pocos días: el 18 de julio de 1945 fue hundido por el poderío aéreo estadounidense en su amarradero, siendo reflotado y desguazado tres años más tarde.
  • El Nisshin fue botado a comienzos de 1903 y entró en servicio el mismo día que el Kasuga, el 7 de enero de 1904. Sirvió en la Guerra Ruso-Japonesa, especialmente en las batallas del Mar Amarillo y de Tsushima, donde sufrió graves daños. Fue modernizado junto con su hermano en 1914, y viajó hasta Malta hacia finales de la Primera Guerra Mundial, para participar en una escolta de convoyes. En 1927 también se lo consideró como buque de entrenamiento, pero aquí la historia paralela con su hermano se altera; es dado de baja en 1935 y se lo considera como blanco en pruebas de artillería. Como tal, sirvió en un acontecimiento interesante de la historia naval: sobre él se probaron los cañones de 460 mm del super acorazado Yamato. Con una sola salva de estas enormes piezas, el Nisshin se fue a pique, siendo reflotado y desguazado durante 1936.

viernes, junio 26, 2015

El coronel Harry A. Flint

En el ejército estandounidense, durante la Segunda Guerra Mundial, existieron algunos personajes realmente curiosos. Pero pocos como el excéntrico coronel Harry Albert Flint (de sobrenombre Paddy, ya que era irlandés de origen). De él dijo el Patton: "está claramente loco, pero pelea bien".

De hecho este también excéntrico oficial conocían bien a Flint, ya que ambos habían sido compañeros de caballería. Flint comenzó su parte más conocida del servicio en la Segunda Guerra Mundial presentándose al general Bradley, en su comando en Argel, para pedirle el mando de tropas de primera línea, donde, según él, "se peleaba de verdad".

"Por las campanas del infierno, Brad, me estoy oxidando, desperdiciando mis actitudes con estos coroneles de cama blanda en la retaguardia." Con estas suaves palabras, pidió lo que era poco común en la época: que un oficial de más de 50 años pasara a comandar tropas directamente en la línea de combate.


Cuando alguien solicitó, luego de la captura de Túnez, un jefe para que levantara el ánimo del regimiento 39º, que mostraba signos de moral baja, "Paddy" Flint fue designado como su comandante.

Su primera medida al llegar a Italia fue colocar en todos los cascos, camiones y elementos de combate de sus soldados la sigla "AAA-0". Cuando un comandante le preguntó por su significado, le contestó: "Cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier parte, sin excluir nada" [casi intraducible: "Anything, Anytime, Anywhere", y el guión como menos tachando un 0.]

El comandante comentó el hecho y poco tiempo después llegó una orden desautorizando poner inscripciones especiales en cualquier parte, para que el enemigo no supiera con qué unidades estaba luchando y pudiera obtener datos de inteligencia en base a eso. Flint no obedeció porque, según él, "la ley debía ser anterior al hecho del proceso". El excéntrico oficial había estudiado algo de leyes en su ciudad natal, Vermont.
 
El emblema tenía una razón de ser: fue una de las bases sobre las que Flint construyó de nuevo la moral de una unidad que no era conocida por sus méritos. "El enemigo que vea a nuestro regimiento en combate, si sobrevive a la batalla, sabrá que debe correr la próxima vez que nos vea venir", supo decir Flint para defender su manía por pintar el AAA-0 en todas partes. Y funcionó: la unidad comenzó a ser temida por los alemanes.

Pero otras actitudes de Flint llamaban mucho más la atención. Dirigía a sus hombres desnudo hasta la cintura, con casco, una bufanda negra al cuello y revoleando un fusil. "Voy así para que mis soldados me reconozcan mejor" le respondió a un sorprendido periodista. Además, caminaba por las líneas del frente fumando y sin bajar la cabeza, incluso cuando el enemigo estaba a tiro. Incluso hacía gestos despectivos hacia las líneas alemanas y le gritaba a sus hombres "¡Vean a esos alemanes! No sabían tirar en la Primera Guerra Mundial. No saben tirar en ésta. ¿Cuando van a aprender? ¡Ni siquiera son capaces de matar a un viejo chivo como yo!"

Sus superiores se precupaban por eso y se lo transmitían. "Algún día, Paddy", le dijo Bradley, "usted va a andar paseando así y lo van a matar. Entonces va a probar justamente lo contrario de lo que quiere enseñar a sus hombres." Pero Flint estaba convencido de lo que decía, y miró a su superior con extrañeza para responderle: "por las campanas del infierno, Brad, usted sabe que esos alemanes no saben tirar."

Finalmente, sucedió lo dicho por Bradley: Paddy Flint murió en Normandía, el 24 de junio de 1944, cuando un francotirador alemán le dio un tiro en la cabeza. El general dijo acerca del asunto: "estoy seguro de que de ese tiro, él hubiera dicho que le acertaron de pura casualidad. Pero ni siquiera esa satisfacción tuvo, pues, si bien vivió algunas horas, la herida había afectado a la palabra. Paddy murió como un irlandés silencioso y con una sonrisa en el rostro."

 Su carrera fue legendaria, consiguiendo 2 Cruces al Servicio Distinguido, 3 Estrellas de Plata, la Legión del Mérito y un Corazón Púrpura. Cuando murió tenía 56 años.

viernes, junio 19, 2015

Cuando la población no apoya una guerra

Muchas guerra han sido impopulares. Pero la falta de apoyo popular a la Guerra de Indochina (1945-54, en lo que luego sería Vietnam, Laos y Camboya) fue total y absoluto. Francia deseaba mantener sus intereses coloniales en la zona luego del término de la Segunda Guerra Mundial, pero un movimiento independentista de corte comunista comenzó a resistir activamente sus actividades.

Terminado un conflicto bélico tan grande y con el país en un proceso de reconstrucción, la población francesa no quería involucrarse en un conflicto tan alejado. La impopularidad de la guerra fue tan grande que cualquier político o funcionario que dispusiera de elementos o dinero para enviar a Asia era presionado. El público simplemente no quería que su dinero fuera usado para la guerra.

Esto planteó todo tipo de problemas para las fuerzas armadas, principalmente de abstecimiento y logística. Ninguno de los gobiernos que pasaron por esos años pudo comprar material nuevo ni mejorar el existente, ni siquiera aspirar a comprar material anticuado por vías públicas. Es por eso que el equipo era tremendamente heterogéneo. En los primeros años de la guerra, coexistían materiales franceses, británicos, estadounidense, alemanes e incluso japoneses, de la época de la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial. Las armas de infantería tenían calibres tan diversos como 8 mm, 7,5 mm, 7,65 mm, 7,7 mm, 9 mm, 7,62 mm de varios modelos, etc., lo cual hacía de la logística un infierno.

Un sargento de un batallón de élite, que debería tener entregas prioritarias de equipo, contó que en marzo de 1949 su pelotón de 10 hombres tenía una ametralladora FM.24/29 de 7,5 mm, un subfusil MAS.38 de 7,65 mm; había otros cuatro que se habían estropeado días antes, al igual que otros cuatro MAS.36/CR.39 de 7,5 mm. El resto del pelotón tenía fusiles semiautomáticos Berthier M1907/15 de 8 mm (que eran armas de la Primera Guerra Mundial), pero como no tenían sus peines de tres disparos solamente se los podía disparar tiro a tiro. Al año siguiente la cosa mejoró, al menos en parte: recibieron excelentes subfusiles alemanes capturados, MP.40 de 9 mm, pero con el inconveniente de que les suministraron munición británica (esta combinación de munición y subfusil causaba disparos accidentales y atascamientos). En contraste, sus armas de apoyo no habían mejorado nada: eran ametralladora Reibel M1931A de 7,62 mm que habían sido desmontadas de la Línea Maginot y montadas en trípodes: no eran muy útiles como armas de infantería debido a su edad y a su peso.

En el aire, la cosa también era complicada. Se utilizaban viejos Junkers Ju-52 alemanes para transporte, aviones de enlace y observación Fieseler Storch, e incluso cazas japoneses capturados, al igual que aviones C-47 Dakota y varios otros modelos británicos y estadounidenses como el Hellcat, el Corsair y el Spitfire. EEUU llegó al extremo de prestarle a Francia un portaaviones ligero, el USS Belleau Wood, como forma de paliar su escaso poderío aeronaval.


Lo curioso es que los miembros del Vietminh, la guerrilla enemiga de las fuerzas francesas, tenía una mezcla similar de equipo: además de las armas francesas capturadas, utilizaban ciertas cantidades de PPsh41 (fabricados en China), PPsh43, subfusiles estadounidenses Thompson y británicos Sten, además de ametralladoras Z.27 checas, DP soviéticas, BAR estadounidenses y Bren británicas.

La impopularidad de la guerra en Francia era tan grande, que ni siquiera se salvaban los mismos soldados. Hasta los esfuerzos sanitarios por mejorar la salud de los heridos eran boicoteados activamente: si se solicitaban dadores de sangre públicamente, se debía aclarar que esa sangre no sería utilizada en el frente de batalla, porque de otra manera la campaña fracasaba. En la misma línea, los primeros helicópteros de evacuación sanitaria usados en el conflicto, dos Hiller 360, fueron adquiridos "a escondidas" por el departamento de Salud Pública, directamente en el mercado civil, para evitar que la compra por vía militar fuera conocida y criticada.

Cuando Francia perdió la guerra, en 1954, la región siguió siendo un hervidero de problemas para muchos países capitalistas, gracias a la fuerte penetración del comunismo. No pasaría otra década antes de que un nuevo poder, EEUU, comenzara a operar en la zona, dando lugar a una nueva e impopular guerra, que también sería perdida.