Ningún país estaba listo para la guerra que estalló en 1939, e incluso los que se unieron en 1941 también tuvieron sus problemas. Construir una industria armamentística toma tiempo, sobre todo si se están buscando mejoras radicales como en ese momento.
En realidad a todos los países la guerra los pilló por sorpresa, pero algunos supieron adaptarse más que otros. Esto tenía que ver, en parte, con la filosofía de diseño de cada nación, su tradición con respecto a la industria militar y al tipo de gobierno e ideología que se perseguía.
Los alemanes se caracterizaban, en un extremo, por sus diseños cuidados, vehículos y armas duraderos pero también relativamente costosos de diseñar, fabricar y operar. En el otro extremo, los soviéticos eran mucho más pragmáticos, pero también mucho más burocráticos. Al igual que en la Alemania Nazi, había conflictos de intereses y luchas de poder entre ministerios, empresas y diseñadores, pero en este caso, los jerarcas soviéticos las utilizaban para impulsar y arruinar carreras de una manera deliverada, buscando que sus oficinas de diseño lucharan entre sí para lograr los mejores diseños. Muchas veces estas luchas eran inútiles, porque luego el proyecto se cancelaba totalmente, y en el camino se perdían muchos recursos por el capricho de alguien que había solicitado algo poco útil en el campo de batalla.
Sin embargo, el principal problema que tenía la industria armamentista al comienzo de la guerra era su gran cantidad de diseños y vehículos anticuados e ineficientes en producción. Como había que abastecer a un ejército enorme y la industria no daba abasto, se seguían utilizando armas y vehículos de entreguerras en gran número, y a veces también se los seguía fabricando aunque se sabía que no eran efectivas. Era mejor tener algo que nada, después de todo.
Esto se vio de manera patente cuando Alemania invadió la URSS en 1941. Rápidamente las fuerzas alemanas, mejor entrenadas y a veces con armas y vehículos no tan buenos en comparación con los soviéticos, lograron grandes conquistas. Esto incluía enormes cantidades de vehículos que dejaban de funcionar o que eran destruidos o dañados fácilmente. Esta pérdida fue importante para los soviéticos, porque tenían recursos humanos casi ilimitados, pero su industria era poco eficiente, desorganizada y necesitaba mano de obra calificada. Era una bestia que requería ingente cantidad de recursos y que nunca pudo abastecer totalmente a sus fuerzas armaras; por eso resultó tan importante la ayuda de los Estados Unidos, que abastecieron de enormes cantidades de aviones, tanques, jeeps, y todo tipo de vehículos y armas.
La situación se hizo todavía más difícil cuando el enorme y repentino avance alemán suscitó la pérdida de valiosas industrias y fábricas. Ansioso por evitar esta pérdida de capacidad de producción, el gobierno soviético llevó a cabo un faraónico plan: la mudanza de todas las fábricas bélicas y de materiales relacionados detrás de la muralla de los Urales, una cadena montañosa que, por su distancia a las bases alemanas, impediría el bombardeo estratégico alemán.
Este plan obviamente tuvo graves consecuencias, porque no se puede producir en una fábrica que se está mudando. Sin embargo, era necesario para asegurarse la producción futura de armas. Ciertas cuestiones políticas y pragmáticas lograron "milagros": no acatar las órdenes era suficiente para merecer fusilamiento o exilio en un gulag, por lo que los responsables de la fabricación, desde empleados hasta capataces y diseñadores hacían todo lo posible para cumplir con las cuotas de producción o las fechas de entrega ordenadas. Esta forma de trabajo tan rígida tuvo, como siempre, buenas y malas consecuencias. Por un lado, el esfuerzo hizo que los niveles de producción durante la mudanza se mantuvieran, pero durante los años de la guerra, el acatamiento a rajatabla de las órdenes superiores, incluso cuando eran absurdas o parecieran imposibles, trajo también el diseño y fabricación de vehículos y armas defectuosas o que no tenían la efectividad que podrían haber tenido de ser fabricadas más a conciencia.
La obligación de cubrir cuotas de producción, sumada a problemas típicos de la guerra y confusiones de órdenes, hacía a veces que ciertos vehículos o armas fueran construidos sin ningún standard, o que ciertas piezas fueran adaptadas e intercambiadas sin haber sido diseñadas para eso. Por ejemplo, durante el avance alemán de 1941, la fábrica de motores diesel V-2 de Jarkov, que enviaba sus plantas motrices a Leningrado para fabricar tanques, tuvo que ser abandonada. Esto provocó que una centena de tanques KV fuera completados con motores de gasolina modelo M-17, que eran utilizados en los tanques T-35.
En el campo de las armas de fuego para infantería, la capacidad de innovación era a veces casi nula. Se sabe que muchas unidades iban a la batalla con tan pocas armas que se les ordenaba a los soldados desarmados tomar los fusiles que sus camaradas muertos dejaran caer durante un avance.
En este contexto, la cantidad, y no la calidad, era lo más importante. Esto implicaba que muchas armas soviéticas de la época eran extremadamente duraderas, sencillas y bien diseñadas. Podían ser ensambladas y reparadas muy fácilmente por personal poco especializado. Tenían pocas piezas móviles que se pudieran gastar, y ningún mecanismo complejo que pudiera trabarse, por lo que a veces los alemanes las tenían en buena estima. Es decir, el hecho de que fueran baratas no implicaba que fueran malas, pero sí que no tuvieran ningún tipo de "detalles". Por ejemplo, los tanques y fusiles alemanes tenían excelentes sistemas ópticos (algo en lo que su país sobresalía), pero esto encarecía el producto y los hacía un poco más difíciles de usar, requiriendo más entrenamiento. Los soviéticos preferían poner sistemas más sencillos, de menor calidad, que cualquier soldado pudiera manipular. Algo similar sucedía con los aviones: las estadísticas decían que cada avión soviético volaba siete veces antes de ser derribado. Debido a esto, se les incorporaban solo los instrumentos más básicos e imprescindibles. La idea es que era mejor construir el doble de aparatos sencillos que la mitad de aparatos más caros, que de toda manera iban a ser derribados eventualmente.
En las armas de fuego, se solía evitar el acero estampado, usándose generalmente metal laminado. Para no tener que hacer piezas complejas, se las dividía en partes y se las soldaba luego en una línea de montaje. Cuando las cuotas de producción aumentaban, se eliminaban procesos "cosméticos" como el pulido de las partes de madera. También se adaptaron muchas armas del pasado: los fusiles de la Gran Guerra, que eran muy largos y pesados para el tipo de guerra móvil de ese momento, se modernizaron recortando los cañones y mejorando las culatas.
Los procesos finales se solían evitar, de hecho, en muchos casos. En muchos casos, como en Stalingrado, los tanques salían de la fábrica sin ser probados ni pintados, manejados por soldados que esperaban la finalización del ensamblaje o directamente por obreros que luego los acercaban al frente de combate. Esto habla a las claras del nivel de sencillez de los vehículos soviéticos, que funcionaba también a favor, a veces, de las tripulaciones. Como no había sistemas demasiado complicados, casi cualquier recluta con algo de entrenamiento podía manejarlos. Sin embargo, como hemos visto antes, a veces la provisión de piezas defectuosas o un diseño apresurado hacía las cosas más complicadas de lo necesario.
El caso de los tanques es paradigmático: a diferencia de muchos coetáneos, los principales modelos soviéticos, el famoso T-34 y los KV-1 estaban muy mal diseñados en cuanto a distribución de la tripulación. Sus torres eran estrechas, dificultaban el escape en caso de incendio o explosión y hacían que ciertos puestos estuvieran sobrecargados de trabajo o no pudieran haber bien lo que se les pedía. Los carros pesados KV-1 eran prácticamente indestructibles, pero tenían una torre mal diseñada, solo se podía cambiar de marcha deteniendo el tanque (los informes alemanes indican que la mayoría de los KV-1 abandonados tenían problemas de embrague o de direcciones rotas) y para colmo, los sistemas de mira eran malos: los bloques de vidrio blindado solían tener burbujas de aire que distorsionaban la visión.
Aunque esto luego se mejoró en parte, ciertos "detalles" siguieron sin actualizarse. Muchos tanques salían de las fábricas sin radios, lo que impedía la coordinación con otras unidades; a veces se les colocaban radios de otros tipos, por error o simplemente porque no había ninguna más para instalar y se debía cumplir la cuota de producción a cualquier costo. Esto causaba confusión entre las tripulaciones, que a veces recibían vehículos que no estaban listos y debían entrar en combate con ellos o encontrar alguna solución rápida en el campo.
La mejora del modelo KV-1 y el traslado de las fábricas detrás de los Urales proporciona un ejemplo patente. Los KV-1 modelo 1940 utilizaban el cañón F-32; en julio de ese año comenzó a fabricarse el modelo 1941, que utilizaba el cañón ZIS-5 (prácticamente idéntico al F-34 utilizado por el T-34, para estandarizar), que era un poco más largo. Sin embargo los dos modelos se siguieron fabricando juntos ya que había grandes existencias del cañón F-32, y había que agotarlas. Igualmente, hubo ejemplares fabricados con la torre de soldadura original, y otros ensamblados con la torre nueva, que tenía blindaje reforzado.
No había ningún tipo de denominación para este tipo de subvariantes, porque la combinación de elementos nuevos y viejos era imposible de rastrear, sobre todo con las prisas de la guerra. Por la forma en que se almacenaban los componentes en las fábricas, a veces los más nuevos tapaban a los más viejos, o estos quedaban mezclados. Como había que cumplir las cuotas de producción, estos componentes y partes eran tomados por los obreros sin preguntar mucho.
Fue así que en esa época de transición, además de lo ya comentado, también se utilizaban torres de partes soldadas y de fundición, ya que provenían de diferentes contratistas. Incluso el cañón F-32 seguía apareciendo cada tanto en partidas esporádicas, lo que hacía que modelos más nuevos del KV-1 volvieran a usar el cañón más viejo. Es más, se utilizaba a veces el cañón F-34, cuando no se tenían los cañones adecuados a mano. También se utilizaban radios de avión, cuando faltaban las originales.
Para finalizar, solo queda hablar un poco de las condiciones de trabajo. Prácticamente todo el que no combatía estaba en una fábrica: desde adolescentes hasta ancianos y amas de casa debían cumplir sus cuotas. Se trabajaba entre 12 y 16 horas al día, seis días a la semana. Muchas veces se dormía en las mismas fábricas, junto a las máquinas o en cualquier otro lugar, mientras otro turno de producción tomaba ese lugar. Cualquier forma de mejorar la producción en masa era adoptada y
premiada, pero todo lo que demorara demasiado la fabricación, aunque
diera lugar a un producto mejor, era mirado con recelo.
Obviamente, esto hacía que muchas veces hubiera accidentes, confusiones y mal uso de ciertos elementos, ya que los obreros no solo trabajaban bajo enorme presión, sino que tenían pocos conocimientos técnicos o de otro tipo. Un ejemplo típico fue lo que sucedió con ciertas partidas de tanques pesados: en 1943 se apilaron las quejas por roturas de los dientes de los engranajes de la transmisión. Al rastrearse el problema, se descubrió que los empleados de una fábrica, jóvenes sin calificación, estaban usando discos de acero cromados, pensados para hacer aros de cojinetes, en lugar de discos de una aleación especial de acero duro. Como ambos discos eran muy similares en bruto, y estaban en lugares muy cercanos de la fábrica, habían sido tomados como materia prima de piezas totalmente diferentes.
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miércoles, septiembre 30, 2015
viernes, junio 26, 2015
El coronel Harry A. Flint
En el ejército estandounidense, durante la Segunda Guerra Mundial, existieron algunos personajes realmente curiosos. Pero pocos como el excéntrico coronel Harry Albert Flint (de sobrenombre Paddy, ya que era irlandés de origen). De él dijo el Patton: "está claramente loco, pero pelea bien".
De hecho este también excéntrico oficial conocían bien a Flint, ya que ambos habían sido compañeros de caballería. Flint comenzó su parte más conocida del servicio en la Segunda Guerra Mundial presentándose al general Bradley, en su comando en Argel, para pedirle el mando de tropas de primera línea, donde, según él, "se peleaba de verdad".
"Por las campanas del infierno, Brad, me estoy oxidando, desperdiciando mis actitudes con estos coroneles de cama blanda en la retaguardia." Con estas suaves palabras, pidió lo que era poco común en la época: que un oficial de más de 50 años pasara a comandar tropas directamente en la línea de combate.
Cuando alguien solicitó, luego de la captura de Túnez, un jefe para que levantara el ánimo del regimiento 39º, que mostraba signos de moral baja, "Paddy" Flint fue designado como su comandante.
Su primera medida al llegar a Italia fue colocar en todos los cascos, camiones y elementos de combate de sus soldados la sigla "AAA-0". Cuando un comandante le preguntó por su significado, le contestó: "Cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier parte, sin excluir nada" [casi intraducible: "Anything, Anytime, Anywhere", y el guión como menos tachando un 0.]
El comandante comentó el hecho y poco tiempo después llegó una orden desautorizando poner inscripciones especiales en cualquier parte, para que el enemigo no supiera con qué unidades estaba luchando y pudiera obtener datos de inteligencia en base a eso. Flint no obedeció porque, según él, "la ley debía ser anterior al hecho del proceso". El excéntrico oficial había estudiado algo de leyes en su ciudad natal, Vermont.
El emblema tenía una razón de ser: fue una de las bases sobre las que Flint construyó de nuevo la moral de una unidad que no era conocida por sus méritos. "El enemigo que vea a nuestro regimiento en combate, si sobrevive a la batalla, sabrá que debe correr la próxima vez que nos vea venir", supo decir Flint para defender su manía por pintar el AAA-0 en todas partes. Y funcionó: la unidad comenzó a ser temida por los alemanes.
Pero otras actitudes de Flint llamaban mucho más la atención. Dirigía a sus hombres desnudo hasta la cintura, con casco, una bufanda negra al cuello y revoleando un fusil. "Voy así para que mis soldados me reconozcan mejor" le respondió a un sorprendido periodista. Además, caminaba por las líneas del frente fumando y sin bajar la cabeza, incluso cuando el enemigo estaba a tiro. Incluso hacía gestos despectivos hacia las líneas alemanas y le gritaba a sus hombres "¡Vean a esos alemanes! No sabían tirar en la Primera Guerra Mundial. No saben tirar en ésta. ¿Cuando van a aprender? ¡Ni siquiera son capaces de matar a un viejo chivo como yo!"
Sus superiores se precupaban por eso y se lo transmitían. "Algún día, Paddy", le dijo Bradley, "usted va a andar paseando así y lo van a matar. Entonces va a probar justamente lo contrario de lo que quiere enseñar a sus hombres." Pero Flint estaba convencido de lo que decía, y miró a su superior con extrañeza para responderle: "por las campanas del infierno, Brad, usted sabe que esos alemanes no saben tirar."
Finalmente, sucedió lo dicho por Bradley: Paddy Flint murió en Normandía, el 24 de junio de 1944, cuando un francotirador alemán le dio un tiro en la cabeza. El general dijo acerca del asunto: "estoy seguro de que de ese tiro, él hubiera dicho que le acertaron de pura casualidad. Pero ni siquiera esa satisfacción tuvo, pues, si bien vivió algunas horas, la herida había afectado a la palabra. Paddy murió como un irlandés silencioso y con una sonrisa en el rostro."
Su carrera fue legendaria, consiguiendo 2 Cruces al Servicio Distinguido, 3 Estrellas de Plata, la Legión del Mérito y un Corazón Púrpura. Cuando murió tenía 56 años.
De hecho este también excéntrico oficial conocían bien a Flint, ya que ambos habían sido compañeros de caballería. Flint comenzó su parte más conocida del servicio en la Segunda Guerra Mundial presentándose al general Bradley, en su comando en Argel, para pedirle el mando de tropas de primera línea, donde, según él, "se peleaba de verdad".
"Por las campanas del infierno, Brad, me estoy oxidando, desperdiciando mis actitudes con estos coroneles de cama blanda en la retaguardia." Con estas suaves palabras, pidió lo que era poco común en la época: que un oficial de más de 50 años pasara a comandar tropas directamente en la línea de combate.
Cuando alguien solicitó, luego de la captura de Túnez, un jefe para que levantara el ánimo del regimiento 39º, que mostraba signos de moral baja, "Paddy" Flint fue designado como su comandante.
Su primera medida al llegar a Italia fue colocar en todos los cascos, camiones y elementos de combate de sus soldados la sigla "AAA-0". Cuando un comandante le preguntó por su significado, le contestó: "Cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier parte, sin excluir nada" [casi intraducible: "Anything, Anytime, Anywhere", y el guión como menos tachando un 0.]
El comandante comentó el hecho y poco tiempo después llegó una orden desautorizando poner inscripciones especiales en cualquier parte, para que el enemigo no supiera con qué unidades estaba luchando y pudiera obtener datos de inteligencia en base a eso. Flint no obedeció porque, según él, "la ley debía ser anterior al hecho del proceso". El excéntrico oficial había estudiado algo de leyes en su ciudad natal, Vermont.
El emblema tenía una razón de ser: fue una de las bases sobre las que Flint construyó de nuevo la moral de una unidad que no era conocida por sus méritos. "El enemigo que vea a nuestro regimiento en combate, si sobrevive a la batalla, sabrá que debe correr la próxima vez que nos vea venir", supo decir Flint para defender su manía por pintar el AAA-0 en todas partes. Y funcionó: la unidad comenzó a ser temida por los alemanes.
Pero otras actitudes de Flint llamaban mucho más la atención. Dirigía a sus hombres desnudo hasta la cintura, con casco, una bufanda negra al cuello y revoleando un fusil. "Voy así para que mis soldados me reconozcan mejor" le respondió a un sorprendido periodista. Además, caminaba por las líneas del frente fumando y sin bajar la cabeza, incluso cuando el enemigo estaba a tiro. Incluso hacía gestos despectivos hacia las líneas alemanas y le gritaba a sus hombres "¡Vean a esos alemanes! No sabían tirar en la Primera Guerra Mundial. No saben tirar en ésta. ¿Cuando van a aprender? ¡Ni siquiera son capaces de matar a un viejo chivo como yo!"
Sus superiores se precupaban por eso y se lo transmitían. "Algún día, Paddy", le dijo Bradley, "usted va a andar paseando así y lo van a matar. Entonces va a probar justamente lo contrario de lo que quiere enseñar a sus hombres." Pero Flint estaba convencido de lo que decía, y miró a su superior con extrañeza para responderle: "por las campanas del infierno, Brad, usted sabe que esos alemanes no saben tirar."
Finalmente, sucedió lo dicho por Bradley: Paddy Flint murió en Normandía, el 24 de junio de 1944, cuando un francotirador alemán le dio un tiro en la cabeza. El general dijo acerca del asunto: "estoy seguro de que de ese tiro, él hubiera dicho que le acertaron de pura casualidad. Pero ni siquiera esa satisfacción tuvo, pues, si bien vivió algunas horas, la herida había afectado a la palabra. Paddy murió como un irlandés silencioso y con una sonrisa en el rostro."
Su carrera fue legendaria, consiguiendo 2 Cruces al Servicio Distinguido, 3 Estrellas de Plata, la Legión del Mérito y un Corazón Púrpura. Cuando murió tenía 56 años.
sábado, junio 06, 2015
¿Caballería polaca contra tanques alemanes? Una mentira de patas largas
Se dice que la verdad es la primera víctima de una guerra, y esto pareciera ser especialmente cierto en el caso de la Segunda Guerra Mundial, época en la cual la propaganda tomó nuevos vuelos y se acrecentaron sus malos usos.
En una entrada previa hemos visto como el mismo inicio del conflicto fue justificado por Hitler gracias a una serie de falsos ataques polacos, en los que la radio y los rumores tuvieron una gran importancia.
Pero la mayor mentira de esa parte de la guerra, y sin duda una de las mayores de todo el conflicto, fue la que comenzó el mismo día del inicio de la guerra, en la tarde del 1 de septiembre de 1939. Este mito, esta falacia que ha perdurado tanto tiempo, admite sin pruebas que unidades de caballería polacaa, armadas de sables y lanzas, se enfrentaron, tan heroica como estúpidamente, contra unidades de tanques alemanes en ofensiva.
Para desmentirla, nada mejor que rever los hechos. Uno de los pocos datos ciertos en todo el asunto es que, en efecto, en esta batalla se enfrentaron unidades mecanizadas y de caballería, pero el contexto y los resultados, son totalmente diferentes.
En primer lugar, hay que darle crédito a los polacos. Como muchos países europeos de esa época, sus unidades estaban haciendo una transición de la caballería tradicional a la blindada, es decir, a los tanques y otros vehículos de ruedas y orugas. Para 1939 solo el 10% del Ejército Polaco eran unidades de caballería. Estas eran utilizadas como unidades de reconocimiento y de infantería móvil, y solo ejecutaban cargas de caballería (como las de antaño) contra unidades de infantería.
Esto fue lo que sucedió justamente ese fatídico 1 de septiembre, en la denominada batalla de Krojanty, en la región de Pomerania. Unidades polacas habían dispersado un ataque de infantería alemán, y otras unidades de caballería se dirigieron a reforzar el ataque para mantener al invasor en la frontera. El 18º Regimiento de Ulanos de Pomerania descubrió que un grupo de soldados alemanes estaban acampando en un claro en el bosque de Tuchola, cerca de una línea de vías ferroviarias.
En ese momento, el Coronel Mastalerz, líder del regimiento, envió al comandando de su primer escuadrón, Eugeniusz Świeściak, a ejecutar una carga de caballería a las 1900 para aplastar a estas tropas. Otros dos escuadrones, incluyendo dos que ya estaban usado tanquetas del tipo TKS, quedaron como reserva.
La carga fue exitosa: las tropas alemanas sufrieron bajas, se dispersaron y retiraron, ocupando los polacos el claro. Lamentablemente para ellos, unidades blindadas alemanas estaban en la zona. No se sabe si se trató de una emboscada preparada o de una casualidad, pero estos vehículos de reconocimiento alemanes (que no eran tanques, sino vehículos de rueda equipados con ametralladoras) llegaron al lugar y comenzaron a ametrallar a los efectivos polacos, causando una retirada.
El ataque alemán mató tanto a Mastalerz como a Świeściak, evitando una respuesta del resto de la unidad y causando la muerte o la baja por heridas de un tercio de la fuerza polaca. De todas maneras, en el corto plazo el ataque de los ulanos fue beneficioso para su nación, ya que dispersó a las tropas alemanas en la zona y le dio tiempo a otras unidades polacas para que se retiraran de una ciudad cercana, en la que también se combatía. Por esto, la unidad fue condecorada al día siguiente.
Todo hubiera quedado como una escaramuza propia de esos días de no haber sido por lo que siguió al combate. Al día siguiente, los alemanes llevaron al campo de combate a sus corresponsales de guerra, junto con dos periodistas provenientes de Italia. Tanques alemanes habían llegado a la zona para reforzarla, y estos corresponsales los vieron desfilar junto a los cadáveres de los jinetes polacos y sus caballos. Tomando las cosas fuera de contexto, uno de los periodistas italianos, Indro Montanelli, envió una nota a su diario que contenía enormes falsedades. En ella se contaba que, muy valientemente, las unidades polacas, sin tener nada más que sables y lanzas, habían cargado contra los tanques alemanes.
La "noticia" se fue repitiendo aquí y allá, pero se expandió fuertemente a los pocos días gracias a una nueva lectura política que hizo el régimen nazi. Antes del estallido del conflicto, la propaganda polaca había dicho que los tanques alemanes estaban blindados con acero de poca calidad o de escaso espesor, dando a entender que sus ataques no serían más que bravuconadas, que serían repelidas fácilmente por sus tropas.
A esta falsedad, los encargados de la propaganda nazi retrucaron con un artículo de una revista aparecido el día 13 de septiembre. Repitiendo los falsos hechos de aquella batalla, el artículo hacía incapié en la supuesta estupidez de los dirigentes polacos, que habían mandado a sus tropas a una muerte segura frente a vehículos realmente blindados.
Lamentablemente, no todo quedó allí. Este escenario (soldados valientes utilizados por dirigentes cortos de mente que subestimaban a los alemanes) le resultó útil también a la propaganda soviética posterior a la Segunda Guerra Mundial. Los comunistas lo usaron para remarcar el pobre liderazgo de los dirigentes democráticos de esa época, que supuestamente no habían sabido preparar a sus tropas para enfrentar a los nazis. Incluso existe una película polaca de 1959, llamada Lotna, que "recrea" lo sucedido de manera muy contundente, la cual cimentó sin lugar a dudas la creencia en esta enorme falacia.
Como un caso de mentira con patas largas, incluso ahora, cuando se sabe toda la verdad, la invención se sigue repitiendo, en escuelas, comentarios y muchos otros lugares. Irónicamente, todo esto está documentado y, a diferencia de otras mentiras o confusiones, los hechos nunca fueron clasificados u ocultados por nadie.
Lo peor es que, para cerrar el círculo de datos verídicos, hacía tiempo que las unidades de caballería polacas no usaban ni lanzas ni sables. Como muchas unidades de su tipo, estaban armadas de carabinas, y también con una variedad muy efectiva de fusiles antitanque calibre 7,92 y cañones antitanque de 37 mm tirados por caballos. Estas unidades estaban siendo reestructuradas como brigadas móviles y por lo tanto tenían material bastante moderno, que podían hacer frente a muchas de las unidades blindadas y acorazadas alemanas.
De haber sido algo diferente la batalla de Krojanty, tal vez la historia de Polonia no hubiera cambiado demasiado, pero al menos esta falacia, tantas veces repetida sin cuestionamientos, no hubiera existido.
En una entrada previa hemos visto como el mismo inicio del conflicto fue justificado por Hitler gracias a una serie de falsos ataques polacos, en los que la radio y los rumores tuvieron una gran importancia.
Pero la mayor mentira de esa parte de la guerra, y sin duda una de las mayores de todo el conflicto, fue la que comenzó el mismo día del inicio de la guerra, en la tarde del 1 de septiembre de 1939. Este mito, esta falacia que ha perdurado tanto tiempo, admite sin pruebas que unidades de caballería polacaa, armadas de sables y lanzas, se enfrentaron, tan heroica como estúpidamente, contra unidades de tanques alemanes en ofensiva.
Para desmentirla, nada mejor que rever los hechos. Uno de los pocos datos ciertos en todo el asunto es que, en efecto, en esta batalla se enfrentaron unidades mecanizadas y de caballería, pero el contexto y los resultados, son totalmente diferentes.
En primer lugar, hay que darle crédito a los polacos. Como muchos países europeos de esa época, sus unidades estaban haciendo una transición de la caballería tradicional a la blindada, es decir, a los tanques y otros vehículos de ruedas y orugas. Para 1939 solo el 10% del Ejército Polaco eran unidades de caballería. Estas eran utilizadas como unidades de reconocimiento y de infantería móvil, y solo ejecutaban cargas de caballería (como las de antaño) contra unidades de infantería.
Esto fue lo que sucedió justamente ese fatídico 1 de septiembre, en la denominada batalla de Krojanty, en la región de Pomerania. Unidades polacas habían dispersado un ataque de infantería alemán, y otras unidades de caballería se dirigieron a reforzar el ataque para mantener al invasor en la frontera. El 18º Regimiento de Ulanos de Pomerania descubrió que un grupo de soldados alemanes estaban acampando en un claro en el bosque de Tuchola, cerca de una línea de vías ferroviarias.
En ese momento, el Coronel Mastalerz, líder del regimiento, envió al comandando de su primer escuadrón, Eugeniusz Świeściak, a ejecutar una carga de caballería a las 1900 para aplastar a estas tropas. Otros dos escuadrones, incluyendo dos que ya estaban usado tanquetas del tipo TKS, quedaron como reserva.
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| La diferencia entre tanques y otros vehículos blindados era difusa para algunos en esa época, pero es evidente que estos vehículos, del tipo que fueron usado contra la caballería polaca, NO son tanques. |
El ataque alemán mató tanto a Mastalerz como a Świeściak, evitando una respuesta del resto de la unidad y causando la muerte o la baja por heridas de un tercio de la fuerza polaca. De todas maneras, en el corto plazo el ataque de los ulanos fue beneficioso para su nación, ya que dispersó a las tropas alemanas en la zona y le dio tiempo a otras unidades polacas para que se retiraran de una ciudad cercana, en la que también se combatía. Por esto, la unidad fue condecorada al día siguiente.
Todo hubiera quedado como una escaramuza propia de esos días de no haber sido por lo que siguió al combate. Al día siguiente, los alemanes llevaron al campo de combate a sus corresponsales de guerra, junto con dos periodistas provenientes de Italia. Tanques alemanes habían llegado a la zona para reforzarla, y estos corresponsales los vieron desfilar junto a los cadáveres de los jinetes polacos y sus caballos. Tomando las cosas fuera de contexto, uno de los periodistas italianos, Indro Montanelli, envió una nota a su diario que contenía enormes falsedades. En ella se contaba que, muy valientemente, las unidades polacas, sin tener nada más que sables y lanzas, habían cargado contra los tanques alemanes.
La "noticia" se fue repitiendo aquí y allá, pero se expandió fuertemente a los pocos días gracias a una nueva lectura política que hizo el régimen nazi. Antes del estallido del conflicto, la propaganda polaca había dicho que los tanques alemanes estaban blindados con acero de poca calidad o de escaso espesor, dando a entender que sus ataques no serían más que bravuconadas, que serían repelidas fácilmente por sus tropas.
A esta falsedad, los encargados de la propaganda nazi retrucaron con un artículo de una revista aparecido el día 13 de septiembre. Repitiendo los falsos hechos de aquella batalla, el artículo hacía incapié en la supuesta estupidez de los dirigentes polacos, que habían mandado a sus tropas a una muerte segura frente a vehículos realmente blindados.
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| Soldado de caballería de una unidad de ulanos polaca. Obsérvese el largo fusil antitanque, con el que se podían destruir muchos de los blindados alemanes de la época. |
Como un caso de mentira con patas largas, incluso ahora, cuando se sabe toda la verdad, la invención se sigue repitiendo, en escuelas, comentarios y muchos otros lugares. Irónicamente, todo esto está documentado y, a diferencia de otras mentiras o confusiones, los hechos nunca fueron clasificados u ocultados por nadie.
Lo peor es que, para cerrar el círculo de datos verídicos, hacía tiempo que las unidades de caballería polacas no usaban ni lanzas ni sables. Como muchas unidades de su tipo, estaban armadas de carabinas, y también con una variedad muy efectiva de fusiles antitanque calibre 7,92 y cañones antitanque de 37 mm tirados por caballos. Estas unidades estaban siendo reestructuradas como brigadas móviles y por lo tanto tenían material bastante moderno, que podían hacer frente a muchas de las unidades blindadas y acorazadas alemanas.
De haber sido algo diferente la batalla de Krojanty, tal vez la historia de Polonia no hubiera cambiado demasiado, pero al menos esta falacia, tantas veces repetida sin cuestionamientos, no hubiera existido.
sábado, octubre 05, 2013
Muchas primeras veces
A veces, aparatos poco conocidos, sin mucho abolengo ni participación en acciones publicitadas, han sido responsables por algunas acciones particularmente meritorias.
En el caso del Lockheed Hudson, estamos ante la presencia de uno de estos aparatos, que se llevó una parte importante del conflicto aeronaval de la Segunda Guerra Mundial, pero permaneció casi desconocido a pesar de muchos de sus pequeños y coincidentes records.
Tal vez el más grande es haber sido el primero en muchas ocasiones.
Fue el primer avión diseñado y construido en EEUU adoptado por la RAF, para misiones de bombardeo marítimo y entrenamiento de navegación. Fue diseñado a fines de 1938 y los primeros ejemplares llegaron a Inglaterra a comienzos de 1939. Parte del mérito es que ni siquiera tuvo un prototipo: el gobierno inglés estaba tan necesitado de estos aviones, que ni le dio tiempo a la empresa para diseñar un avión nuevo. Lockheed tomó el diseño de un aparato de transporte de pasajeros y lo modificó ampliamente en apenas cinco días.
Con la guerra ya iniciada, un Hudson fue el primer avión de la RAF en abatir a un avión alemán en vuelo. El 8 de octubre de 1939, un Hudson en patrulla sobre Jutlandia derribó a un hidroavión Do18D.
Más adelante, teniendo en cuenta la seriedad de la guerra submarina que planteaban los alemanes, el Hudson se equipó con radares y se transformó en avión de ataque naval. En manos inglesas, estos aviones fueron responsables del hundimiento de 25 submarinos alemanes.
En esta labor, además, tuvieron dos primeras veces más. EEUU tenían un puñado de estos aviones asignados a tareas navales. Este modelo fue el responsable de los dos primeros submarinos alemanes hundidos por EEUU (en manos de la U. S. Navy). Por su parte, el primer submarino alemán hundido por la USAAF fue responsabilidad también de un Hudson.
En el caso del Lockheed Hudson, estamos ante la presencia de uno de estos aparatos, que se llevó una parte importante del conflicto aeronaval de la Segunda Guerra Mundial, pero permaneció casi desconocido a pesar de muchos de sus pequeños y coincidentes records.
Tal vez el más grande es haber sido el primero en muchas ocasiones.
Fue el primer avión diseñado y construido en EEUU adoptado por la RAF, para misiones de bombardeo marítimo y entrenamiento de navegación. Fue diseñado a fines de 1938 y los primeros ejemplares llegaron a Inglaterra a comienzos de 1939. Parte del mérito es que ni siquiera tuvo un prototipo: el gobierno inglés estaba tan necesitado de estos aviones, que ni le dio tiempo a la empresa para diseñar un avión nuevo. Lockheed tomó el diseño de un aparato de transporte de pasajeros y lo modificó ampliamente en apenas cinco días.
Con la guerra ya iniciada, un Hudson fue el primer avión de la RAF en abatir a un avión alemán en vuelo. El 8 de octubre de 1939, un Hudson en patrulla sobre Jutlandia derribó a un hidroavión Do18D.
Más adelante, teniendo en cuenta la seriedad de la guerra submarina que planteaban los alemanes, el Hudson se equipó con radares y se transformó en avión de ataque naval. En manos inglesas, estos aviones fueron responsables del hundimiento de 25 submarinos alemanes.
En esta labor, además, tuvieron dos primeras veces más. EEUU tenían un puñado de estos aviones asignados a tareas navales. Este modelo fue el responsable de los dos primeros submarinos alemanes hundidos por EEUU (en manos de la U. S. Navy). Por su parte, el primer submarino alemán hundido por la USAAF fue responsabilidad también de un Hudson.
sábado, septiembre 28, 2013
Un comienzo bochornoso
El Bristol Blenheim era uno de los mejores aparatos que la RAF tenía a comienzos de la Segunda Guerra Mundial: veloz y muy versátil, estaba sin embargo poco armado, y desempeñaba al comienzo de la guerra misiones como bombardero y aparato de reconocimiento.
Este aparato había comenzado a llegar a la RAF en marzo de 1937, y para la época de la guerra, ya el modelo I estaba siendo reemplazado por el IV.
Fue este avión el primero en sobrevolar Alemania luego del inicio formal de las hostilidades, el 3 de septiembre de 1939. Ese día, el Oficial de Vuelo Andrew McPherson fue el primer inglés en cruzar la costa alemana para sobrevolar territorio enemigo, en un Blenheim MK IV de reconocimiento fotográfico.
Y no fue el único: en la mañana siguiente, tuvo lugar el primer ataque inglés a blancos alemanes. El objetivo era mantener la supremacía en el mar: el blanco principal era uno de los acorazados de bolsillo, el Admiral Scheer.
El 4 d septiembre, 15 bombarderos Blenheim MK IV, pertenecientes a tres escuadrones de la RAF, participaron en la primera acción aérea hostil sobre Alemania. El resultado fue un pequeño bochorno.Mientras uno de los escuadrones se dedicó a bombardear otros objetivos navales, los del 107 y 110 se dirigieron al Scheer. El primer escuadrón en llegar, el 110, tomó a los marinos totalmente por sorpresa: nadie se esperaba un ataque tan certero a pocas horas del comienzo de la contienda. A pesar de todo esto, los artilleros lograron derribar uno de los aviones.
Mientras tanto, otros de los miembros del escuadrón lograron lanzar sus bombas... con nulos resultados. Una de ellas impactó el buque pero no explotó, mientras que las otras dos estallaron cerca, en el agua. Otras bombas lanzadas también fallaron y no estallaron.
Lo peor les esperaba al segundo grupo de bombarderos, el 107: con las defensas ya alertadas, los artilleros del buque pudieron derribar cuatro de los cinco aviones atacantes. Fueron las primeras víctimas del Comando de Bombarderos de la RAF.
Como resultado de este fallo, el Admiral Scheer salió sin daños del ataque aéreo.
Con el tiempo, la RAF comprendió que este avión ya estaba obsoleto, y el Blenheim, protagonista de los primeros vuelos ofensivos del brazo armado británico, fue relegado frente a otros modelos,
sábado, septiembre 21, 2013
El avión militar más fabricado
Desconocido para muchos, el gran ganador de este récord es sin lugar a dudas el Ilyushin Il-2, uno de los primeros aviones de ataque a tierra diseñados como tal en la historia bélica.
Hacia la década de 1930, en la Unión Soviética se comenzó a pensar la importancia que podía tener un avión con gran capacidad de ataque directo al suelo, sobre todo contra blancos fuertes, especialmente tanques. Fue así que, cuando las columnas blindadas alemanas llegaron a la URSS, en 1941, el Ejército Rojo tenía en sus manos un pequeño puñado de estos aviones.
Ni estos aviones, ni todo el resto del Ejército Rojo, pudieron frenar la oleada nazi, que llegó hasta las puertas de Moscú. Así, rápidamente las fábricas de aviones quedaron atrás, y fue necesario reconstruirlas del otro lado de los Montes Urales, bien dentro del territorio soviético, donde no llegarían los panzers ni los bombarderos de largo alcance.
Aquí es donde el record gana más méritos: incluso con esta enorme hazaña de ingeniería y lógistica, la URSS se las arregló para construir un total de 36.183 unidades entre 1941 y 1945. Algo del mérito lo tiene, claro está, Josef Stalin. Cuando dos fábricas se demoraron en recomenzar la producción luego de su mudanza, no perdió tiempo en dar una "última advertencia" a sus encargados, ya que consideraba que el Il-2 era, para el Ejército Rojo, "tan importante como el pan que come".
El Il-2, apodado de muchas maneras por amigos y enemigos, fue uno de los aviones que torció el curso de la historia. Extremadamente bien armado y blindado, en la decisiva batalla de Kursk se les acredita la destrucción de nada menos de 70 tanques alemanes en apenas 20 minutos.
Hacia la década de 1930, en la Unión Soviética se comenzó a pensar la importancia que podía tener un avión con gran capacidad de ataque directo al suelo, sobre todo contra blancos fuertes, especialmente tanques. Fue así que, cuando las columnas blindadas alemanas llegaron a la URSS, en 1941, el Ejército Rojo tenía en sus manos un pequeño puñado de estos aviones.
Ni estos aviones, ni todo el resto del Ejército Rojo, pudieron frenar la oleada nazi, que llegó hasta las puertas de Moscú. Así, rápidamente las fábricas de aviones quedaron atrás, y fue necesario reconstruirlas del otro lado de los Montes Urales, bien dentro del territorio soviético, donde no llegarían los panzers ni los bombarderos de largo alcance.
Aquí es donde el record gana más méritos: incluso con esta enorme hazaña de ingeniería y lógistica, la URSS se las arregló para construir un total de 36.183 unidades entre 1941 y 1945. Algo del mérito lo tiene, claro está, Josef Stalin. Cuando dos fábricas se demoraron en recomenzar la producción luego de su mudanza, no perdió tiempo en dar una "última advertencia" a sus encargados, ya que consideraba que el Il-2 era, para el Ejército Rojo, "tan importante como el pan que come".
El Il-2, apodado de muchas maneras por amigos y enemigos, fue uno de los aviones que torció el curso de la historia. Extremadamente bien armado y blindado, en la decisiva batalla de Kursk se les acredita la destrucción de nada menos de 70 tanques alemanes en apenas 20 minutos.
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records,
segunda guerra mundial
sábado, septiembre 14, 2013
Caído del cielo
Existen situaciones que sólo se dan en momentos muy particulares, y a veces, esos momentos son durante un conflicto bélico. Situaciones totalmente irrepetibles y aparentemente inverosímiles, como la del Teniente Ivan Chisov, de la Fuerza Aérea Soviética.
Era enero de 1942. La URSS intentaba cambiar la marea a su favor, en una guerra que estaban perdiendo por paliza. Chisov era navegante de un bombardero Il-4, uno de los más modernos de esta fuerza aérea y ampliamente utilizado durante el conflicto.
En medio de un fiero combate aéreo y terrestre, cazas alemanes atacaron el avión de Chisov, que estaba realizando una misión de bombardeo. El avión comenzó a caer rápidamente. Los daños eran tan grandes que se dio la orden de abandonarlo.
Chisov tomó entonces una curiosa y arriesgada decisión. Se lanzó en paracaídas desde una altura de entre 7.000 y 6.700 metros, mientras que otros miembros de la tripulación, que fueron testigos de su hazaña, esperaron a que el avión llegara a los 500 metros para saltar.
¿Porqué hizo esto? Posiblemente temía que el avión estallara o que otros cazas alemanes llegaran a rematar la presa. La batalla aérea rugía a su alrededor, y Chisov tomó otra determinación: no abriría su paracaídas sino hasta llegar a una distancia segura. Temía ser un blanco perfecto para pilotos alemanes poco seguidores de las leyes de la guerra, que prohibían ametrallar pilotos bajando en paracaídas.
Sin embargo, Chisov no tuvo en cuenta que, a 7.000 metros, el aire es tan tenue que no permite que una persona se mantenga conciente. Sin equipo especial para respirar, el teniente soviético se desmayó, y no pudo accionar el cordón de su paracaídas.
Posiblemente cualquier otra persona, en una situación similar, hubiera muerto. Pero Chisov era uno de tantos que, en esos años, fueron tocados por una suerte descomunal. Todavía inconsciente, cayó en un barranco lleno de nieve, a una velocidad estimada de entre 190 y 240 km/h. Sin nada que lo detuviera, rodó por la pendiente una buena cantidad de metros antes de frenarse en terreno firme.
Afortunadamente para él, la batalla aérea estaba siendo vista por una unidad de caballería soviética, cuyos hombres, al ver la caída del piloto, se acercaron a recuperar el supuesto cadáver. Enorme debe haber sido su sorpresa al ver que estaba vivo, aunque con terribles heridas. Tenía rota la pelvis y muy golpeadas varias partes de la columna. Por un mes estuvo en condición crítica.
Pero la suerte de Chisov no había terminado. Tres meses después del choque, se había recuperado casi totalmente y era apto para volar. Sólo entonces lo abandonó la buena fortuna: solicitó volver a volar en misiones de combate, pero se las negaron, y en cambio lo asignaron a ser un instructor de navegantes.
Fue la última de sus 70 misiones de combate, y seguramente, la más memorable. Había sobrevivido a la muerte tres veces seguidas en pocos minutos, algo que muy pocas personas del mundo podían acreditar.
Era enero de 1942. La URSS intentaba cambiar la marea a su favor, en una guerra que estaban perdiendo por paliza. Chisov era navegante de un bombardero Il-4, uno de los más modernos de esta fuerza aérea y ampliamente utilizado durante el conflicto.En medio de un fiero combate aéreo y terrestre, cazas alemanes atacaron el avión de Chisov, que estaba realizando una misión de bombardeo. El avión comenzó a caer rápidamente. Los daños eran tan grandes que se dio la orden de abandonarlo.
Chisov tomó entonces una curiosa y arriesgada decisión. Se lanzó en paracaídas desde una altura de entre 7.000 y 6.700 metros, mientras que otros miembros de la tripulación, que fueron testigos de su hazaña, esperaron a que el avión llegara a los 500 metros para saltar.
¿Porqué hizo esto? Posiblemente temía que el avión estallara o que otros cazas alemanes llegaran a rematar la presa. La batalla aérea rugía a su alrededor, y Chisov tomó otra determinación: no abriría su paracaídas sino hasta llegar a una distancia segura. Temía ser un blanco perfecto para pilotos alemanes poco seguidores de las leyes de la guerra, que prohibían ametrallar pilotos bajando en paracaídas.
Sin embargo, Chisov no tuvo en cuenta que, a 7.000 metros, el aire es tan tenue que no permite que una persona se mantenga conciente. Sin equipo especial para respirar, el teniente soviético se desmayó, y no pudo accionar el cordón de su paracaídas.
Posiblemente cualquier otra persona, en una situación similar, hubiera muerto. Pero Chisov era uno de tantos que, en esos años, fueron tocados por una suerte descomunal. Todavía inconsciente, cayó en un barranco lleno de nieve, a una velocidad estimada de entre 190 y 240 km/h. Sin nada que lo detuviera, rodó por la pendiente una buena cantidad de metros antes de frenarse en terreno firme.
Afortunadamente para él, la batalla aérea estaba siendo vista por una unidad de caballería soviética, cuyos hombres, al ver la caída del piloto, se acercaron a recuperar el supuesto cadáver. Enorme debe haber sido su sorpresa al ver que estaba vivo, aunque con terribles heridas. Tenía rota la pelvis y muy golpeadas varias partes de la columna. Por un mes estuvo en condición crítica.
Pero la suerte de Chisov no había terminado. Tres meses después del choque, se había recuperado casi totalmente y era apto para volar. Sólo entonces lo abandonó la buena fortuna: solicitó volver a volar en misiones de combate, pero se las negaron, y en cambio lo asignaron a ser un instructor de navegantes.
Fue la última de sus 70 misiones de combate, y seguramente, la más memorable. Había sobrevivido a la muerte tres veces seguidas en pocos minutos, algo que muy pocas personas del mundo podían acreditar.
sábado, septiembre 07, 2013
El bombardero más fabricado
Aunque es eclipsado en fama por el ubicuo B-17 Flying Fortress, hay que tener en cuenta que su contemporáneo B-24 Liberator, de la Consolidated Aircraft, era un avión más complejo, capaz y moderno, al menos en algunos aspectos. Tenía más alcance y capacidad de carga de bombas, pero al mismo tiempo era más difícil de volar y más frágil frente al fuego enemigo. También fue el primer avión de estas características en poseer un tren de aterrizaje tipo triciclo.
La gigantesca demanda provocada por la Segunda Guerra Mundial se encontró respondida por una igualmente enorme capacidad de producción. Se produjeron unos 3.800 solamente para la Octava Fuerza Aérea de EEUU, de los cuales un tercio al menos se perdió en acciones de combate.
Sin embargo, a diferencia del B-17, este bombardero fue utilizado en muchos otros teatros, como el Pacífico, China, India, Birmania, el Mediterráneo, etc. Es por eso que el número final es significativamente mayor. Entre 1940 y 1945 se produjeron 18.482 unidades (otras fuentes indican 19.256) completas, en cinco plantas industriales de todo EEUU. Este número es doblemente significativo si tenemos en cuenta que aproximadamente la mitad se produjo en fábricas de Ford Motor Company. Utilizando las más avanzadas técnicas y procesos de la época, sólo en la planta de Willow Run se ensamblaron 6.792 unidades.
Con estos números, el B-24 ostenta también el récord como el avión estadounidense más fabricado de la historia.
La gigantesca demanda provocada por la Segunda Guerra Mundial se encontró respondida por una igualmente enorme capacidad de producción. Se produjeron unos 3.800 solamente para la Octava Fuerza Aérea de EEUU, de los cuales un tercio al menos se perdió en acciones de combate.
Sin embargo, a diferencia del B-17, este bombardero fue utilizado en muchos otros teatros, como el Pacífico, China, India, Birmania, el Mediterráneo, etc. Es por eso que el número final es significativamente mayor. Entre 1940 y 1945 se produjeron 18.482 unidades (otras fuentes indican 19.256) completas, en cinco plantas industriales de todo EEUU. Este número es doblemente significativo si tenemos en cuenta que aproximadamente la mitad se produjo en fábricas de Ford Motor Company. Utilizando las más avanzadas técnicas y procesos de la época, sólo en la planta de Willow Run se ensamblaron 6.792 unidades.
Con estos números, el B-24 ostenta también el récord como el avión estadounidense más fabricado de la historia.
jueves, febrero 28, 2013
"Jack" Churchill, el oficial adecuadamente armado
Los británicos son mundialmente conocidos por sus personajes flemáticos, tranquilos ante todo peligro, y a veces, en apariencia, demasiado emocionalmente esquivos. Esta fama, personificada en ciertos oficiales militares, los ha hecho también muy conocidos por sus soldados excéntricos y aparentemente desquiciados.
Uno de ellos es bastante conocido: el Teniente Coronel John Malcolm Thorpe Fleming Churchill. Los apodos de "Jack" Churchill ya lo decían todo. Lo llamaban "Fighting Jack" (Jack el luchador) o "Mad Jack" (Loco Jack). Una de sus frases más famosas da otra muestra de su particular estilo: "cualquier oficial que entra en acción sin su espada no está adecuadamente armado". No es raro que este Churchill haya ganado gran fama debido a su coraje y a la poco ortodoxa forma que tenía de encarar los combates durante una guerra moderna.
Como muchos británicos, Churchill tuvo una vida que lo llevó por gran parte del mundo, sirviendo al Imperio. Nació en Hong Kong, estudió en Inglaterra y luego fue destinado a un regimiento en Birmania. Con 30 años, en 1936 dejó el ejército y terminó trabajando como editor en un periódico. Pero nuevamente esto no era suficiente. En 1939 se dio el gusto de representar a su país en el Campeonato Mundial de Arquería que tuvo lugar en Oslo.
Pero entonces todo cambió. Como muchos ingleses, Churchill tuvo que regresar a las armas a pocos días de la invasión de Polonia, cuando Inglaterra le declaró la guerra a Alemania. En mayo de 1940, sirviendo nuevamente en el Regimiento Manchester, ahora en Francia, Churchill comenzó su larga carrera de exóticas andanzas militares. Al emboscar una patrulla alemana, Mad Jack dio la orden de atacar matando al sargento enemigo que lideraba la patrulla... con una flecha. La hazaña no solamente le dio una ventaja sorpresa a su unidad, sino que además lo dejó acreditado como el único soldado británico que mató a un enemigo con arco y flecha en todo este conflicto bélico.
Fighting Jack no era un soldado común. Es por eso que luego de la retirada de Francia, se presentó voluntario para pertenecer a los comandos, un nuevo tipo de unidad de combate que los británicos estaban formando.
Obviamente, en esta nueva posición, su capacidad para asombrar a propios y enemigos se incrementaría. En una operación de comandos en Noruega, el 27 de diciembre de 1941, Churchill saltó de la lancha de desembarco apenas bajaron las rampas. Su primera acción fue tocar una tonada en su gaita, para luego comenzar a tirar granadas y encontrar en combate haciendo muestra de gran valor y coraje. Por esta acción y otras anteriores fue condecorado con la Cruz y Barra Militares.
Una de sus siguientes anécdotas nos traslada a Italia, en julio de 1943. Al liderar el desembarco de un puñado de comandos en Catania, Sicilia, lo hizo cargando su tradicional espada ancha escocesa en su cinturón, un arco largo y flechas al cuello y su gaita bajo el brazo.
Repitió su acción poco tiempo después, en Salerno, momento en el que se ganó nuevamente gran admiración de sus superiores. Su misión y la de un puñado de comandos a su mando era tomar un puesto de observación alemán fuera del pueblo de La Molina, el cual controlaba un paso que llevaba a la cabeza de playa de Salerno. No sólo atacó el puesto y lo capturó, sino que además se infiltró en el poblado, tomó a 42 soldados alemanes como prisioneros y logró regresar con ellos. Sobre la hazaña táctica, solamente comentó que fue "una imagen de las Guerras Napoleónicas": había obligado a los prisioneros alemanes a cargar a los heridos en carritos. Por esta acción recibió la Orden al Servicio Distinguido.
1944 lo llevó a Yugoslavia, e indirectamente a toda una serie de nuevas hazañas. Inglaterra deseaba apoyar a los partisanos de Tito. En mayo de este año, a los comandos liderados por Mad Jack se les ordenó atacar la isla de Brač, entonces en poder de los alemanes. Para eso contaba con la ayuda de 1.500 partisanos yugoslavos.
Sin embargo, estas tropas probaron ser poco confiables. Aunque el desembarco no planteó problemas, la férrea determinación de las tropas alemanas hizo que los partisanos decidieran posponer el ataque hasta el día siguiente. Churchill, sin embargo, confiado en él y sus comandos, atacó de todas maneras, sólo para ser detenido por fuego amigo desde un Spitfire, que los había confundido. Para su descontento, tuvo que imitar a los partisanos.
Pero al día siguiente estos tampoco quisieron movilizarse, así que Mad Jack dividió a sus escasas tropas para realizar ataques desde ambos flancos. Solamente él y seis comandos más lograron llegar al objetivo, acosados por los proyectiles de mortero. Rápidamente las explosiones mataron o hirieron a todos menos a Mad Jack, quien a esta altura parecía tener "inmunidad de libreto". Fiel a su estilo, lideraba el ataque tocando una canción tradicional en su gaita, hasta que una explosión lo dejó inconciente. Fue capturado, enviado primero a Berlín para interrogarlo y finalmente asignado al campo de concentración de Sachsenhausen.
Pero Mad Jack era un hueso duro de roer. Al poco tiempo, él y un oficial de la RAF intentaron fugarse, arrastrándose debajo de la alambrada, aprovechando un desagüe abandonado. Intentaron llegar caminando a la costa del Báltico, pero fueron nuevamente capturados a pocos kilómetros del mar.
Tuvo que permanecer en cautiverio varios meses más, hasta que en abril de 1945, junto con otros prisioneros problemáticos para los alemanes, fue transferido al Tirol, bajo escolta de unidades de las SS. Es necesario recordar que mucho tiempo atrás, Hitler había dado órdenes de ejecutar a los comandos, ya que los consideraba soldados que no cumplían con las normas de la guerra. Sin embargo estas órdenes muchas veces no habían sido cumplidas por los oficiales al mando, y algunos temían que al ejecutar a los comandos los ingleses pudieran desquitarse con los prisioneros alemanes.
Ciertamente el ser trasladados más lejos del frente, cuando la guerra se estaba terminando, y ser escoltados por las SS no era una buena señal. Una delegación de prisioneros se las arregló para contactarse con oficiales alemanes del ejército, y comentarle sus temores. Los oficiales del ejército, reconociendo en esto un acto de cobardía y de violación a las leyes de la guerra, se movilizaron para proteger a los prisioneros. Los soldados de las SS, superados en número, se marcharon, dejando a los ingleses a cargo de las tropas regulares
Terminada la guerra en Europa, Chuchill no se quedó sentado. Fue destinado a Birmania, donde los japoneses todavía estaban luchando contra los ingleses. Sin embargo, para cuando llegó a India, las bombas atómicas habían sellado el final de la guerra en Asia.
Jack Churchill tuvo una frase típica de él para tan "desafortunado" y sorpresivo final: "si no fuera por esos malditos yankis, hubiéramos mantenido la guerra andando por otros diez años".
Mad Jack murió en 1996, poco antes de cumplir 90 años, y luego de convertirse en toda una leyenda gracias a su arrojo y su coraje excéntrico.
Uno de ellos es bastante conocido: el Teniente Coronel John Malcolm Thorpe Fleming Churchill. Los apodos de "Jack" Churchill ya lo decían todo. Lo llamaban "Fighting Jack" (Jack el luchador) o "Mad Jack" (Loco Jack). Una de sus frases más famosas da otra muestra de su particular estilo: "cualquier oficial que entra en acción sin su espada no está adecuadamente armado". No es raro que este Churchill haya ganado gran fama debido a su coraje y a la poco ortodoxa forma que tenía de encarar los combates durante una guerra moderna.
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| Jack Churchill participando del Campeonato Mundial de Arquería en Oslo, en agosto de 1939, apenas días antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. |
Pero entonces todo cambió. Como muchos ingleses, Churchill tuvo que regresar a las armas a pocos días de la invasión de Polonia, cuando Inglaterra le declaró la guerra a Alemania. En mayo de 1940, sirviendo nuevamente en el Regimiento Manchester, ahora en Francia, Churchill comenzó su larga carrera de exóticas andanzas militares. Al emboscar una patrulla alemana, Mad Jack dio la orden de atacar matando al sargento enemigo que lideraba la patrulla... con una flecha. La hazaña no solamente le dio una ventaja sorpresa a su unidad, sino que además lo dejó acreditado como el único soldado británico que mató a un enemigo con arco y flecha en todo este conflicto bélico.
Fighting Jack no era un soldado común. Es por eso que luego de la retirada de Francia, se presentó voluntario para pertenecer a los comandos, un nuevo tipo de unidad de combate que los británicos estaban formando.
Obviamente, en esta nueva posición, su capacidad para asombrar a propios y enemigos se incrementaría. En una operación de comandos en Noruega, el 27 de diciembre de 1941, Churchill saltó de la lancha de desembarco apenas bajaron las rampas. Su primera acción fue tocar una tonada en su gaita, para luego comenzar a tirar granadas y encontrar en combate haciendo muestra de gran valor y coraje. Por esta acción y otras anteriores fue condecorado con la Cruz y Barra Militares.
Una de sus siguientes anécdotas nos traslada a Italia, en julio de 1943. Al liderar el desembarco de un puñado de comandos en Catania, Sicilia, lo hizo cargando su tradicional espada ancha escocesa en su cinturón, un arco largo y flechas al cuello y su gaita bajo el brazo.
Repitió su acción poco tiempo después, en Salerno, momento en el que se ganó nuevamente gran admiración de sus superiores. Su misión y la de un puñado de comandos a su mando era tomar un puesto de observación alemán fuera del pueblo de La Molina, el cual controlaba un paso que llevaba a la cabeza de playa de Salerno. No sólo atacó el puesto y lo capturó, sino que además se infiltró en el poblado, tomó a 42 soldados alemanes como prisioneros y logró regresar con ellos. Sobre la hazaña táctica, solamente comentó que fue "una imagen de las Guerras Napoleónicas": había obligado a los prisioneros alemanes a cargar a los heridos en carritos. Por esta acción recibió la Orden al Servicio Distinguido.
1944 lo llevó a Yugoslavia, e indirectamente a toda una serie de nuevas hazañas. Inglaterra deseaba apoyar a los partisanos de Tito. En mayo de este año, a los comandos liderados por Mad Jack se les ordenó atacar la isla de Brač, entonces en poder de los alemanes. Para eso contaba con la ayuda de 1.500 partisanos yugoslavos.
| En el extremo derecho de la fotografía podemos ver a Mad Jack liderando un ejercicio de entrenamiento. Ni en esos momentos dejaba de lado sus costumbres: la delgada línea blanca a la altura de su rodilla es la espada ancha que siempre lo acompañaba en combate. |
Pero al día siguiente estos tampoco quisieron movilizarse, así que Mad Jack dividió a sus escasas tropas para realizar ataques desde ambos flancos. Solamente él y seis comandos más lograron llegar al objetivo, acosados por los proyectiles de mortero. Rápidamente las explosiones mataron o hirieron a todos menos a Mad Jack, quien a esta altura parecía tener "inmunidad de libreto". Fiel a su estilo, lideraba el ataque tocando una canción tradicional en su gaita, hasta que una explosión lo dejó inconciente. Fue capturado, enviado primero a Berlín para interrogarlo y finalmente asignado al campo de concentración de Sachsenhausen.
Pero Mad Jack era un hueso duro de roer. Al poco tiempo, él y un oficial de la RAF intentaron fugarse, arrastrándose debajo de la alambrada, aprovechando un desagüe abandonado. Intentaron llegar caminando a la costa del Báltico, pero fueron nuevamente capturados a pocos kilómetros del mar.
Tuvo que permanecer en cautiverio varios meses más, hasta que en abril de 1945, junto con otros prisioneros problemáticos para los alemanes, fue transferido al Tirol, bajo escolta de unidades de las SS. Es necesario recordar que mucho tiempo atrás, Hitler había dado órdenes de ejecutar a los comandos, ya que los consideraba soldados que no cumplían con las normas de la guerra. Sin embargo estas órdenes muchas veces no habían sido cumplidas por los oficiales al mando, y algunos temían que al ejecutar a los comandos los ingleses pudieran desquitarse con los prisioneros alemanes.
Ciertamente el ser trasladados más lejos del frente, cuando la guerra se estaba terminando, y ser escoltados por las SS no era una buena señal. Una delegación de prisioneros se las arregló para contactarse con oficiales alemanes del ejército, y comentarle sus temores. Los oficiales del ejército, reconociendo en esto un acto de cobardía y de violación a las leyes de la guerra, se movilizaron para proteger a los prisioneros. Los soldados de las SS, superados en número, se marcharon, dejando a los ingleses a cargo de las tropas regulares
Terminada la guerra en Europa, Chuchill no se quedó sentado. Fue destinado a Birmania, donde los japoneses todavía estaban luchando contra los ingleses. Sin embargo, para cuando llegó a India, las bombas atómicas habían sellado el final de la guerra en Asia.
Jack Churchill tuvo una frase típica de él para tan "desafortunado" y sorpresivo final: "si no fuera por esos malditos yankis, hubiéramos mantenido la guerra andando por otros diez años".
Mad Jack murió en 1996, poco antes de cumplir 90 años, y luego de convertirse en toda una leyenda gracias a su arrojo y su coraje excéntrico.
jueves, enero 31, 2013
La primicia prohibida
Ser corresponsal de guerra es, sin duda, una de las profesiones civiles más arriesgadas del mundo. Incluso detrás de las líneas amigas, uno puede verse enredado en contraofensivas, bombardeos, o tener que correr riesgos para conseguir alguna historia que las autoridades no quieren que se haga pública.
Muchas veces estas noticias son justamente las más jugosas, o se convierten en importantes porque plantean dilemas morales. ¿Debe el periodista aceptar la censura militar sobre su trabajo, incluso cuando puede salvar vidas y no existe una buena razón para dicha censura? ¿Debe faltar a su palabra o traicionar su profesión y valores personales?
Esta fue la pregunta que golpeó al periodista estadounidense Ed Kennedy, a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando se encontró con la mayor noticia del momento: el final de la masacre.
Kennedy era corresponsal de Associated Press, una de las agencias de noticias más conocidas y grandes del mundo. Como tal, había recorrido casi toda Europa, y su buen trabajo le había ganado diferentes ascensos. Para 1945, era jefe de su sección en este continente.
Esto le valió un enorme honor y privilegio profesional, que sería justamente lo que lo puso en la disyuntiva. Luego de la captura de Berlín por parte de los soviéticos y del suicidio de Hitler y otros altos funcionarios nazis, los jefes aliados se pusieron a discutir los términos de la rendición con los militares alemanes que quedaron al mando. Las negociaciones eran secretas y muy complejas; la guerra siguió por algunos días, reclamando vidas de manera innecesaria.
Finalmente se acordó una última reunión para la firma de la rendición. Los papeles se firmaron el 7 de mayo de 1945, a las 2.41 de la madrugada, en los cuarteles generales aliados en Reims, Francia. Previamente, Kennedy, junto con 16 colegas, fueron reunidos rápidamente y embarcados en un C-47. El nivel de secreto era tan grande, que solamente se les dijo cuál era la noticia que iban a cubrir una vez estuvieron en el aire.
Una vez terminada la ceremonia, sin embargo, se les comunicó que la persona que los había invitado, el comandante en jefe de las fuerzas aliadas, Dwight D. Eisenhower, solicitaba que la noticia se mantuviera en secreto durante 36 horas. No era raro que se pidieran algunas horas para permitir que se llevaran a cabo algunas actividades extra, pero este embargo a la información era poco común y enojó a los periodista. La razón era sencilla: Stalin quería realizar una celebración en el Berlín recientemente ocupado el día 9 de mayo.
A pesar del enojo de todos los periodistas presentes, estos se mantuvieron fieles a lo acordado. Kennedy, sin embargo, hizo algo más. Al regresar a París se enteró que una radio en la Alemania ocupada por fuerzas aliadas había dado a conocer la noticia. El periodista, conociendo las condiciones de su trabajo, supuso que esa radio solamente podría haber trasmitido la primicia bajo órdenes de algún alto mando, lo cual invalidaba de alguna manera el embargo que le habían dado a él. Ya no tenía sentido mantenerse callado.
Por otra parte, le parecía que durante esas 36 horas podían morir muchas personas, que estarían perdiendo sus vidas inútilmente cuando en realidad tendrían que estar celebrando el fin de la pesadilla.
Debido a esto, Kennedy llamó a las oficinas de AP en Londres y dictó por teléfono 200 palabras que relataban la rendición alemana y anunciaban el final de la guerra. Desconociendo el embargo, sus jefes dieron a conocer la noticia el día 7, conociéndose en Francia hacia mediados de la tarde.
Sin embargo, no fue Kennedy el único que se salió de la fila. La importancia de la noticia y muchos aspectos históricos hicieron que fuera difícil de mantenerla en secreto. Esta extraña situación hizo que la Segunda Guerra Mundial tuviera un cierre formal poco común y algo confuso. Así como tuvo un comienzo varias veces repetido en falso, ahora, según el país en el cual uno viviera, se enteró en diferentes días y horarios. La rendición fue oficialmente comunicada en Alemania por el Ministro de Relaciones Exteriores en las primeras horas del 7 de mayo, en Inglaterra por Winston Churchill el 8 de mayo y por Stalin el 9 en la famosa celebración de Berlín. Sin embargo, el cese formal de las hostilidades se estableció para las 23.01 del 8 de mayo.
"Lo haría de nuevo"
Las repercusiones no se hicieron esperar. A Kennedy le quitaron el permiso para trabajar en Europa y AP, si bien lo mantuvo como empleado y le pagó hasta el mes de noviembre, no le dio trabajo. Sus jefes posiblemente estaban confundidos y no sabían como proceder ante el hecho, debido a sus credenciales y experiencia, pero terminaron despidiéndolo en ese mes. Incluso algunos medios prestigiosos hablaron mal de él a causa de haber quebrado su acuerdo.
Tres años más tarde, Kennedy publicó un artículo que tituló "Lo haría de nuevo". El periodista había recibido muchas veces órdenes de no publicar ciertas noticias hasta determinada hora, y había respetado esos embargos. Sin embargo, lo hizo porque sabía que respondían a secretos militares y que de otra manera traicionaría a las tropas en el frente. En esta oportunidad, sin embargo, él consideró que el embargo tenía una razón simplemente política: darle tiempo a Stalin para que organizara una celebración en el Berlín recientemente ocupado. Mientras tanto, muchos soldados morirían en el frente, luchando una guerra terminada.
Curiosamente, los militares aliados reconocieron algunos meses después, que el mensaje radial que Kennedy escuchó (y que fue emitido desde Flensburgo) fue hecho bajo órdenes aliadas, pero dijeron que tuvo lugar dos horas después de que el periodista enviara la noticia a sus superiores.
Según la hija de Kennedy, su padre odió a sus superiores, a pesar de lo cual siguió adelante en su carrera periodística antes de morir en un accidente de tránsito. Coincidentemente con la publicación de sus memorias, en 2012, AP decidió oficialmente disculparse por haber despedido a Kennedy, cerrando de alguna manera esta curiosa historia en la que el deber humano y el profesional fueron de la mano.
Muchas veces estas noticias son justamente las más jugosas, o se convierten en importantes porque plantean dilemas morales. ¿Debe el periodista aceptar la censura militar sobre su trabajo, incluso cuando puede salvar vidas y no existe una buena razón para dicha censura? ¿Debe faltar a su palabra o traicionar su profesión y valores personales?
Esta fue la pregunta que golpeó al periodista estadounidense Ed Kennedy, a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando se encontró con la mayor noticia del momento: el final de la masacre.
Kennedy era corresponsal de Associated Press, una de las agencias de noticias más conocidas y grandes del mundo. Como tal, había recorrido casi toda Europa, y su buen trabajo le había ganado diferentes ascensos. Para 1945, era jefe de su sección en este continente.
Esto le valió un enorme honor y privilegio profesional, que sería justamente lo que lo puso en la disyuntiva. Luego de la captura de Berlín por parte de los soviéticos y del suicidio de Hitler y otros altos funcionarios nazis, los jefes aliados se pusieron a discutir los términos de la rendición con los militares alemanes que quedaron al mando. Las negociaciones eran secretas y muy complejas; la guerra siguió por algunos días, reclamando vidas de manera innecesaria.
Finalmente se acordó una última reunión para la firma de la rendición. Los papeles se firmaron el 7 de mayo de 1945, a las 2.41 de la madrugada, en los cuarteles generales aliados en Reims, Francia. Previamente, Kennedy, junto con 16 colegas, fueron reunidos rápidamente y embarcados en un C-47. El nivel de secreto era tan grande, que solamente se les dijo cuál era la noticia que iban a cubrir una vez estuvieron en el aire.
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| Una de las fotografías del acto de rendición alemana más conocidas: el general Alfred Jodl firma la capitulación en Reims. |
A pesar del enojo de todos los periodistas presentes, estos se mantuvieron fieles a lo acordado. Kennedy, sin embargo, hizo algo más. Al regresar a París se enteró que una radio en la Alemania ocupada por fuerzas aliadas había dado a conocer la noticia. El periodista, conociendo las condiciones de su trabajo, supuso que esa radio solamente podría haber trasmitido la primicia bajo órdenes de algún alto mando, lo cual invalidaba de alguna manera el embargo que le habían dado a él. Ya no tenía sentido mantenerse callado.
Por otra parte, le parecía que durante esas 36 horas podían morir muchas personas, que estarían perdiendo sus vidas inútilmente cuando en realidad tendrían que estar celebrando el fin de la pesadilla.
Debido a esto, Kennedy llamó a las oficinas de AP en Londres y dictó por teléfono 200 palabras que relataban la rendición alemana y anunciaban el final de la guerra. Desconociendo el embargo, sus jefes dieron a conocer la noticia el día 7, conociéndose en Francia hacia mediados de la tarde.
Sin embargo, no fue Kennedy el único que se salió de la fila. La importancia de la noticia y muchos aspectos históricos hicieron que fuera difícil de mantenerla en secreto. Esta extraña situación hizo que la Segunda Guerra Mundial tuviera un cierre formal poco común y algo confuso. Así como tuvo un comienzo varias veces repetido en falso, ahora, según el país en el cual uno viviera, se enteró en diferentes días y horarios. La rendición fue oficialmente comunicada en Alemania por el Ministro de Relaciones Exteriores en las primeras horas del 7 de mayo, en Inglaterra por Winston Churchill el 8 de mayo y por Stalin el 9 en la famosa celebración de Berlín. Sin embargo, el cese formal de las hostilidades se estableció para las 23.01 del 8 de mayo.
"Lo haría de nuevo"
Las repercusiones no se hicieron esperar. A Kennedy le quitaron el permiso para trabajar en Europa y AP, si bien lo mantuvo como empleado y le pagó hasta el mes de noviembre, no le dio trabajo. Sus jefes posiblemente estaban confundidos y no sabían como proceder ante el hecho, debido a sus credenciales y experiencia, pero terminaron despidiéndolo en ese mes. Incluso algunos medios prestigiosos hablaron mal de él a causa de haber quebrado su acuerdo.
Tres años más tarde, Kennedy publicó un artículo que tituló "Lo haría de nuevo". El periodista había recibido muchas veces órdenes de no publicar ciertas noticias hasta determinada hora, y había respetado esos embargos. Sin embargo, lo hizo porque sabía que respondían a secretos militares y que de otra manera traicionaría a las tropas en el frente. En esta oportunidad, sin embargo, él consideró que el embargo tenía una razón simplemente política: darle tiempo a Stalin para que organizara una celebración en el Berlín recientemente ocupado. Mientras tanto, muchos soldados morirían en el frente, luchando una guerra terminada.
Curiosamente, los militares aliados reconocieron algunos meses después, que el mensaje radial que Kennedy escuchó (y que fue emitido desde Flensburgo) fue hecho bajo órdenes aliadas, pero dijeron que tuvo lugar dos horas después de que el periodista enviara la noticia a sus superiores.
Según la hija de Kennedy, su padre odió a sus superiores, a pesar de lo cual siguió adelante en su carrera periodística antes de morir en un accidente de tránsito. Coincidentemente con la publicación de sus memorias, en 2012, AP decidió oficialmente disculparse por haber despedido a Kennedy, cerrando de alguna manera esta curiosa historia en la que el deber humano y el profesional fueron de la mano.
miércoles, diciembre 19, 2012
Lídice inmortal
Como habíamos mencionado en la historia acerca del asesinato del jerarca nazi Reinhard Heydrich, uno de los grandes temores de la resistencia checa era que semejante acto disparara una represalia de proporciones nunca vistas. Se cree que, de hecho, eso era lo que esperaba el gobierno checoslovaco en el exilio, bordeando una línea moral bastante confusa.
Lo cierto es que finalmente la resistencia ayudó a los comandos checos entrenados en Inglaterra, pero fueron incapaces de darles protección y todos los colaboradores directos o indirectos en el ataque terminaron muertos por las tropas nazis. Pero como lo sospechaban los partisanos, no todo quedó allí. Una vez muertos los responsables directos, los jerarcas nazis idearon una forma particularmente macabra de cobrarse la deuda.
Hitler pensó en ejecutar a 10.000 checos, pero Himmler, líder de las SS, lo convenció de lo contrario explicándole que los checos eran buenos trabajadores y que esto perturbaría mucho la producción de material de guerra muy necesario. Sin embargo, indirectamente, la cantidad de arrestados, torturados y asesinados alcanzó un número similar. Se calcula que 13.000 personas fueron arrestadas, algunos con vinculaciones con los partisanos, pero muchos sin tener nada que ver. Muchas de ellas terminaron en campos de concentración. Se cree que unas 5.000 personas murieron, directa o indirectamente, como represalia por la muerte de Heydrich.
Sin embargo, dos acciones puntuales marcaron el tono de la venganza de los nazis. Aunque la cantidad de muertos haya sido menor, esto no disminuye la crueldad, ni la infamia de estos actos: la destrucción completa de dos pueblos checoslovacos, las villas de Lídice y Lezáky.
Como en otros casos, falsos reportes de inteligencia enlazaron a estos poblados con la resistencia checoslovaca, legitimando una serie de acciones que no tenía ningún tipo de justificación militar. El 10 de junio de 1942, las tropas nazis ejecutaron a casi 200 hombres, todos los mayores de 16 años, de Lídice. Las mujeres y los niños fueron enviados a campos de concentración, en donde muchos morirían en cámaras de gas. Un puñado de niños tuvieron "mejor suerte" al ser considerados lo suficientemente arios como para ser dados en adopción a familias de las SS. En Lezáky no hubo misericordia: allí todos fueron ejecutados.
Por si fuera poco, los dos pueblos fueron incendiados, y los restos de Lídice fueron arrasados y apisonados para que ningún rastro quedara del sitio. En Lezáky, trabajadores esclavos removieron y dispersaron los escombros, y en Lídice se llegó al extremo de desenterrar a los muertos para destruir sus restos junto con el cementerio.
Esta macabra forma de borrar una localidad constituía la forma más extrema de la represión fascista. Sin embargo, tuvo como reflejo una curiosa y muy solidaria muestra de solidaridad por parte de todo el mundo. Si los nazis querían borrar del mapa a estas ciudades, la mejor forma de evitarlo era poder sus nombres en todo el mapa.
Fue así que, al enterarse de lo sucedido (ya que los nazis habían filmado y fotografiado los hechos), muchos países occidentales comenzaron a homenajear al pueblo de Lídice nombrando ciudades, distritos, calles u otros lugares. Algunos ejemplos son San Jerónimo-Lídice, en la ciudad de México, o Barrio Lídice, en Caracas. Una región de Panamá se llama Lídice, así como varios pueblos en Brasil. Lo mismo sucedió con un barrio de una ciudad de Illinois, Crest Hill, que fue rebautizado como Lídice, así como una plaza de Coventry (ciudad inglesa arrasada por las bombas alemanas), una calle céntrica de Santiago de Chile o una calle en Sofía, la capital de Bulgaria.
En lo personal, la historia me toca, una vez más, de cerca al enterarme hace un tiempo que existe una calle en mi ciudad natal, Rosario, que también se llama Lídice. Y su ubicación, algo perdida en una zona muy particular, forma parte de la anécdota: dicha calle está al borde del llamado Barrio Inglés, un conjunto de casas construidas por las empresas ferroviarias (de capitales ingleses) en la zona norte de Rosario, junto al complejo de galpones y vías que por mucho tiempo fue el centro neurálgico de la actividad agroganadera del país. No es de extrañar que, durante la guerra, este pequeño enclave inglés en Argentina, posiblemente con la venia de las autoridades locales, haya tomado semejante nombre. Y aunque la calle ni aparece en Google Maps (-32° 55' 46.69", -60° 40' 19.91"), todavía desafía a los nazis a muchos kilómetros de distancia.
Lídice, sin embargo, tuvo su propia venganza, tiempo después. En Checoslovaquia, volvió a ser construido, a cierta distancia del pueblo original: 153 mujeres y 17 niños lograron salvarse y regresaron a la localidad. Sin embargo, Lezáky, siendo un pueblo mucho menor, no corrió la misma suerte. Tenía pocos habitantes y al ser todos asesinados, la aldea no fue reconstruida.
Lo cierto es que finalmente la resistencia ayudó a los comandos checos entrenados en Inglaterra, pero fueron incapaces de darles protección y todos los colaboradores directos o indirectos en el ataque terminaron muertos por las tropas nazis. Pero como lo sospechaban los partisanos, no todo quedó allí. Una vez muertos los responsables directos, los jerarcas nazis idearon una forma particularmente macabra de cobrarse la deuda.
Hitler pensó en ejecutar a 10.000 checos, pero Himmler, líder de las SS, lo convenció de lo contrario explicándole que los checos eran buenos trabajadores y que esto perturbaría mucho la producción de material de guerra muy necesario. Sin embargo, indirectamente, la cantidad de arrestados, torturados y asesinados alcanzó un número similar. Se calcula que 13.000 personas fueron arrestadas, algunos con vinculaciones con los partisanos, pero muchos sin tener nada que ver. Muchas de ellas terminaron en campos de concentración. Se cree que unas 5.000 personas murieron, directa o indirectamente, como represalia por la muerte de Heydrich.
Sin embargo, dos acciones puntuales marcaron el tono de la venganza de los nazis. Aunque la cantidad de muertos haya sido menor, esto no disminuye la crueldad, ni la infamia de estos actos: la destrucción completa de dos pueblos checoslovacos, las villas de Lídice y Lezáky.
Como en otros casos, falsos reportes de inteligencia enlazaron a estos poblados con la resistencia checoslovaca, legitimando una serie de acciones que no tenía ningún tipo de justificación militar. El 10 de junio de 1942, las tropas nazis ejecutaron a casi 200 hombres, todos los mayores de 16 años, de Lídice. Las mujeres y los niños fueron enviados a campos de concentración, en donde muchos morirían en cámaras de gas. Un puñado de niños tuvieron "mejor suerte" al ser considerados lo suficientemente arios como para ser dados en adopción a familias de las SS. En Lezáky no hubo misericordia: allí todos fueron ejecutados.
Por si fuera poco, los dos pueblos fueron incendiados, y los restos de Lídice fueron arrasados y apisonados para que ningún rastro quedara del sitio. En Lezáky, trabajadores esclavos removieron y dispersaron los escombros, y en Lídice se llegó al extremo de desenterrar a los muertos para destruir sus restos junto con el cementerio.
Esta macabra forma de borrar una localidad constituía la forma más extrema de la represión fascista. Sin embargo, tuvo como reflejo una curiosa y muy solidaria muestra de solidaridad por parte de todo el mundo. Si los nazis querían borrar del mapa a estas ciudades, la mejor forma de evitarlo era poder sus nombres en todo el mapa.
Fue así que, al enterarse de lo sucedido (ya que los nazis habían filmado y fotografiado los hechos), muchos países occidentales comenzaron a homenajear al pueblo de Lídice nombrando ciudades, distritos, calles u otros lugares. Algunos ejemplos son San Jerónimo-Lídice, en la ciudad de México, o Barrio Lídice, en Caracas. Una región de Panamá se llama Lídice, así como varios pueblos en Brasil. Lo mismo sucedió con un barrio de una ciudad de Illinois, Crest Hill, que fue rebautizado como Lídice, así como una plaza de Coventry (ciudad inglesa arrasada por las bombas alemanas), una calle céntrica de Santiago de Chile o una calle en Sofía, la capital de Bulgaria.
En lo personal, la historia me toca, una vez más, de cerca al enterarme hace un tiempo que existe una calle en mi ciudad natal, Rosario, que también se llama Lídice. Y su ubicación, algo perdida en una zona muy particular, forma parte de la anécdota: dicha calle está al borde del llamado Barrio Inglés, un conjunto de casas construidas por las empresas ferroviarias (de capitales ingleses) en la zona norte de Rosario, junto al complejo de galpones y vías que por mucho tiempo fue el centro neurálgico de la actividad agroganadera del país. No es de extrañar que, durante la guerra, este pequeño enclave inglés en Argentina, posiblemente con la venia de las autoridades locales, haya tomado semejante nombre. Y aunque la calle ni aparece en Google Maps (-32° 55' 46.69", -60° 40' 19.91"), todavía desafía a los nazis a muchos kilómetros de distancia.
Lídice, sin embargo, tuvo su propia venganza, tiempo después. En Checoslovaquia, volvió a ser construido, a cierta distancia del pueblo original: 153 mujeres y 17 niños lograron salvarse y regresaron a la localidad. Sin embargo, Lezáky, siendo un pueblo mucho menor, no corrió la misma suerte. Tenía pocos habitantes y al ser todos asesinados, la aldea no fue reconstruida.
miércoles, noviembre 21, 2012
El asesinato de Reinhard Heydrich
Muchos gobiernos, al ser invadidos por la Alemania Nazi, tuvieron que exiliarse. Sus autoridades, generalmente asentadas en Londres, tomaban muchas decisiones acerca de los movimientos de la resistencia, asesorados por organismos militares ingleses, como era el caso del SOE (Special Operation Executive).
Uno de estos casos, que dio lugar a uno de los atentados más patéticos de la guerra, y uno de los peor respondido por los nazis, fue el asesinato de Reinhard Heydrich. Este jerarca nazi era uno de los responsables más directos de los planes de exterminio de judíos: era el segundo de Himler al mando de las SS, y había convocado la conferencia de Wansee, donde se planeó el Holocausto. Por si fuera poco, era jefe de la Gestapo, y fue puesto al mando del Protectorado de Bohemia y Moravia, fracción de Checoslovaquia en la que los nazis habían creado un estado títere.
Este puesto lo obtuvo porque su antecesor era considerado blando, algo que él retrucó con detenciones y ejecuciones masivas apenas llegó al poder. Apodado "la bestia rubia" por las SS, no era nada raro que se convirtiera rápidamente en un blanco del gobierno checoslovaco en el exilio.
Para lograr esta tarea, confiando más en el sigilo que en el poder, el SOE eligió y entrenó a dos soldados checoslovacos, Jan Kubiš y Jozef Gabčík. Ambos fueron lanzados en paracaídas sobre la zona donde estaba su objetivo, el 28 de diciembre de 1941. Ayudados por la resistencia local, y siendo checoslovacos, no tuvieron problemas en permanecer escondidos. Sin embargo, la resistencia no estaba de acuerdo en apoyarlos, porque consideraban que matar a un jerarca como Heydrich traería un reinado de terror sobre el protectorado. Algo que, lamentablemente, se hizo realidad.
Luego de muchas circunstancias, se decidió el momento y lugar del golpe. Heydrich iba a visitar a Hitler en Berlín, y la inteligencia aliada no sabía si regresaría o si sería transferido a otro lugar del Reich, debido a la estima que le tenía.
Estudiando la zona, los comandos eligieron un lugar en donde el vehículo de Heydrich tendría que frenar para tomar una curva. Debido a su temperamento y a la falta de atentados en su contra, el jerarca nazi estaba confiado: viajaba sin comitiva y en un vehículo descapotable. Nada podía ser más perfecto.
Cada comando tomó su lugar. Gabčík, armado con un subfusil Sten, se apostó para dar los disparos definitivos. En este momento todo se volvió en una situación tragicómica, y el atentado tomó ribetes absurdos. El soldado aparentemente había desarmado el subfusil recientemente y al volver a rearmarlo, lo había hecho con las manos sucias o no había tenido la precausión de limpiar y controlar las piezas. Al tratar de disparar, el subfusil simplemente no funcionó.
Lo peor de todo esto era que Heydrich y su chofer los habían visto, ya que los soldados habían confiado en que sus disparos serían certeros. Un nuevo giro tuvo lugar: Heydrich, lejos de ordenarle a su chofer que acelerara, seguramente por orgullo, le ordenó detenerse. Sacó su pistola y les disparó, con tan mala suerte que no estaba cargada.
Kubiš, mientras su compañero trataba de haber funcionar su subfusil, lanzó un explosivo a la limusina: una mina antitanque convertida en granada. El vehículo, descubierto y sin blindar, era un blanco perfecto y que ofrecía poca protección: sin embargo el lanzamiento fue malo y no ingresó en el vehículo, sino que cayó en la parte trasera, hiriendo tanto al blanco como al lanzador.
Heydrich, lesionado por las esquirlas, salió del vehículo y le ordenó a su chofer ayudarlo en la persecusión de sus agresores. Kubiš, viendo que aquello no era bueno, retrocedió hacia su bicicleta y escapó. Finalmente, viendo que aquello no resultaba, Heydrich regresó al vehículo, agotado y sangrando. Le ordenó a su chofer que atrapara al agresor restante.
Durante estos angustiosos segundos, Gabčík había estado tratando de recomponer su Sten. Pero al ver que esto no resultaba y que pronto sería capturado si no hacía algo, recordó que tenía una pistola, la sacó e hirió al chofer en la pierna. Nuevamente se perdió una buena oportunidad de matar a Heydrich: en lugar de cumplir su deber, Gabčík simplemente huyó.
La rocambolesca situación tuvo todavía algún giro. Con el conductor y el pasajero herido, y la limusina averiada por la bomba, dependían de la ayuda de los conductores que pasaban. Aparentemente varios checos siguieron de largo al ver que uno de los odiados jerarcas nazis era el herido, lo cual empeoró el estado de Heydrich. Finalmente lograron transportarlo hasta un hospital en un camión, en donde trataron de quitar las esquirlas de la bomba, pero la infección era muy grave. Varios días después, luego de recuperar y perder la conciencia varias veces, Heydrich murió al caer en un profundo coma del que nunca se recuperó.
Tal como había anticipado los líderes de la resistencia checoslovaca, lo que siguió fue un verdadero baño de sangre. Los dos soldados encargados del asesinato, y todos sus contactos en la resistencia, fueron cazados y muertos sin misericordia. Pero lo peor estaba por venir: una de las muestras más patentes de la maldad de la que es capaz el hombre a causa del odio.
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| Heydrich, a la izquierda de Himmler, en 1939. |
Este puesto lo obtuvo porque su antecesor era considerado blando, algo que él retrucó con detenciones y ejecuciones masivas apenas llegó al poder. Apodado "la bestia rubia" por las SS, no era nada raro que se convirtiera rápidamente en un blanco del gobierno checoslovaco en el exilio.
Para lograr esta tarea, confiando más en el sigilo que en el poder, el SOE eligió y entrenó a dos soldados checoslovacos, Jan Kubiš y Jozef Gabčík. Ambos fueron lanzados en paracaídas sobre la zona donde estaba su objetivo, el 28 de diciembre de 1941. Ayudados por la resistencia local, y siendo checoslovacos, no tuvieron problemas en permanecer escondidos. Sin embargo, la resistencia no estaba de acuerdo en apoyarlos, porque consideraban que matar a un jerarca como Heydrich traería un reinado de terror sobre el protectorado. Algo que, lamentablemente, se hizo realidad.
Luego de muchas circunstancias, se decidió el momento y lugar del golpe. Heydrich iba a visitar a Hitler en Berlín, y la inteligencia aliada no sabía si regresaría o si sería transferido a otro lugar del Reich, debido a la estima que le tenía.
Estudiando la zona, los comandos eligieron un lugar en donde el vehículo de Heydrich tendría que frenar para tomar una curva. Debido a su temperamento y a la falta de atentados en su contra, el jerarca nazi estaba confiado: viajaba sin comitiva y en un vehículo descapotable. Nada podía ser más perfecto.
Cada comando tomó su lugar. Gabčík, armado con un subfusil Sten, se apostó para dar los disparos definitivos. En este momento todo se volvió en una situación tragicómica, y el atentado tomó ribetes absurdos. El soldado aparentemente había desarmado el subfusil recientemente y al volver a rearmarlo, lo había hecho con las manos sucias o no había tenido la precausión de limpiar y controlar las piezas. Al tratar de disparar, el subfusil simplemente no funcionó.
Lo peor de todo esto era que Heydrich y su chofer los habían visto, ya que los soldados habían confiado en que sus disparos serían certeros. Un nuevo giro tuvo lugar: Heydrich, lejos de ordenarle a su chofer que acelerara, seguramente por orgullo, le ordenó detenerse. Sacó su pistola y les disparó, con tan mala suerte que no estaba cargada.
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| La limusina descapotable del jerarca nazi luego del atentado. |
Heydrich, lesionado por las esquirlas, salió del vehículo y le ordenó a su chofer ayudarlo en la persecusión de sus agresores. Kubiš, viendo que aquello no era bueno, retrocedió hacia su bicicleta y escapó. Finalmente, viendo que aquello no resultaba, Heydrich regresó al vehículo, agotado y sangrando. Le ordenó a su chofer que atrapara al agresor restante.
Durante estos angustiosos segundos, Gabčík había estado tratando de recomponer su Sten. Pero al ver que esto no resultaba y que pronto sería capturado si no hacía algo, recordó que tenía una pistola, la sacó e hirió al chofer en la pierna. Nuevamente se perdió una buena oportunidad de matar a Heydrich: en lugar de cumplir su deber, Gabčík simplemente huyó.
La rocambolesca situación tuvo todavía algún giro. Con el conductor y el pasajero herido, y la limusina averiada por la bomba, dependían de la ayuda de los conductores que pasaban. Aparentemente varios checos siguieron de largo al ver que uno de los odiados jerarcas nazis era el herido, lo cual empeoró el estado de Heydrich. Finalmente lograron transportarlo hasta un hospital en un camión, en donde trataron de quitar las esquirlas de la bomba, pero la infección era muy grave. Varios días después, luego de recuperar y perder la conciencia varias veces, Heydrich murió al caer en un profundo coma del que nunca se recuperó.
Tal como había anticipado los líderes de la resistencia checoslovaca, lo que siguió fue un verdadero baño de sangre. Los dos soldados encargados del asesinato, y todos sus contactos en la resistencia, fueron cazados y muertos sin misericordia. Pero lo peor estaba por venir: una de las muestras más patentes de la maldad de la que es capaz el hombre a causa del odio.
miércoles, octubre 17, 2012
Los Flying Tigers y la historia de las "bocas de tiburón" en la Segunda Guerra Mundial
Si hay un tipo de nose art que es conocido y copiado, es el de la boca llena de dientes. Este diseño tuvo origen en una unidad británica que combatió en África, pero se popularizó gracias a la escuadrilla de P-40 que combatió en China contra los japoneses, los llamados Tigres Voladores.
Los Tigres Voladores de Chennault eran un grupo de aviadores voluntarios que EEUU puso a disposición del gobierno chino para hacer frente a los bombardeos japoneses. Fueron la primera unidad en luchar contra los japoneses, ya que comenzaron sus actividades antes de que este país atacara Pearl Harbor a finales de 1941.
Estos valientes pilotos provenían del Ejército, la Marina y los Marines. Para ellos su jefe no pudo conseguir nada mejor que 100 cazas P-40 Tomahawk, que formaban parte del programa de Préstamo y Arriendo de material bélico. Los británicos habían rechazado estos aparatos debido a que su experiencia de uso contra cazas alemanes había demostrado que eran muy vulnerables.
A mediados de 1941 los aparatos y los hombres fueron enviados a China, en donde se comenzaron a idear tácticas adecuadas para su uso coordinado. El avión en sí no era malo; de hecho era rápido en vuelo recto, pero al estar muy blindado era lento para recuperarse de los giros. Por lo tanto lo mejor era no enfrentarse a un caza enemigo en duelos individuales; hubo que diseñar un abanico de tácticas para poder compensar sus debilidades.
Pensando en darles un golpe psicológico a los japoneses, los aviadores tomaron como base la idea de un escuadrón británico que pintaba los morros de sus aviones con bocas de tiburón. El P-40, gracias a la enorme toma de aire ubicada debajo de la hélice, era el avión perfecto para esta idea. Los pilotos se pusieron como nombre Tigres Voladores, y un dibujante de la Disney diseñó su logo, un tigre de Birmania con pequeñas alas que saltaba a través de una V de la Victoria (aunque como podrá verse, a veces la V no estaba presente en los aviones).
El 20 de diciembre de 1941, con Japón y EEUU ya en guerra, un grupo de bombarderos japoneses se aproximó a atacar impunemente Kunming, en el extremo más alejado de la Carretera de Birmania. Eran 10 aviones Mitsubishi bimotores, cargados con bombas de 225 kilogramos, que volaban 500 kilómetros desde Hanoi. Era normal que estas formaciones se ensañaran con ciertas ciudades o bases, bombardeándolas al menos una vez por día para destruir tanto la moral como la ciudad misma. Hasta ese momento, los chinos no tenían ni siquiera armamento antiaéreo para asustarlos, de manera que volaban sin escolta, a 1.800 metros de altura.
Unos 50 kilómetros antes de su blanco, los primeros cuatro Tigres Voladores aparecieron. Los pilotos japoneses hicieron lo mejor que se les ocurrió: lanzaron sus bombas y dieron la vuelta. Eran aviones rápidos y aparentemente los dejaron atrás, pero en ese momento aparecieron 10 Tomahawks más, también pintados con amenazantes bocas de tiburón. Solamente un avión japonés logró volver a la base, donde seguramente anunció que los cielos de esa región ya no eran seguros para aviones sin escolta. Los Tigres, por su parte, dieron pasadas triunfales sobre su base.
Los Tigres Voladores de Chennault eran un grupo de aviadores voluntarios que EEUU puso a disposición del gobierno chino para hacer frente a los bombardeos japoneses. Fueron la primera unidad en luchar contra los japoneses, ya que comenzaron sus actividades antes de que este país atacara Pearl Harbor a finales de 1941.
Estos valientes pilotos provenían del Ejército, la Marina y los Marines. Para ellos su jefe no pudo conseguir nada mejor que 100 cazas P-40 Tomahawk, que formaban parte del programa de Préstamo y Arriendo de material bélico. Los británicos habían rechazado estos aparatos debido a que su experiencia de uso contra cazas alemanes había demostrado que eran muy vulnerables.
A mediados de 1941 los aparatos y los hombres fueron enviados a China, en donde se comenzaron a idear tácticas adecuadas para su uso coordinado. El avión en sí no era malo; de hecho era rápido en vuelo recto, pero al estar muy blindado era lento para recuperarse de los giros. Por lo tanto lo mejor era no enfrentarse a un caza enemigo en duelos individuales; hubo que diseñar un abanico de tácticas para poder compensar sus debilidades.
Pensando en darles un golpe psicológico a los japoneses, los aviadores tomaron como base la idea de un escuadrón británico que pintaba los morros de sus aviones con bocas de tiburón. El P-40, gracias a la enorme toma de aire ubicada debajo de la hélice, era el avión perfecto para esta idea. Los pilotos se pusieron como nombre Tigres Voladores, y un dibujante de la Disney diseñó su logo, un tigre de Birmania con pequeñas alas que saltaba a través de una V de la Victoria (aunque como podrá verse, a veces la V no estaba presente en los aviones).
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| Los P-51 Mustang también tenía dientes... al menos a veces. |
El 20 de diciembre de 1941, con Japón y EEUU ya en guerra, un grupo de bombarderos japoneses se aproximó a atacar impunemente Kunming, en el extremo más alejado de la Carretera de Birmania. Eran 10 aviones Mitsubishi bimotores, cargados con bombas de 225 kilogramos, que volaban 500 kilómetros desde Hanoi. Era normal que estas formaciones se ensañaran con ciertas ciudades o bases, bombardeándolas al menos una vez por día para destruir tanto la moral como la ciudad misma. Hasta ese momento, los chinos no tenían ni siquiera armamento antiaéreo para asustarlos, de manera que volaban sin escolta, a 1.800 metros de altura.
Unos 50 kilómetros antes de su blanco, los primeros cuatro Tigres Voladores aparecieron. Los pilotos japoneses hicieron lo mejor que se les ocurrió: lanzaron sus bombas y dieron la vuelta. Eran aviones rápidos y aparentemente los dejaron atrás, pero en ese momento aparecieron 10 Tomahawks más, también pintados con amenazantes bocas de tiburón. Solamente un avión japonés logró volver a la base, donde seguramente anunció que los cielos de esa región ya no eran seguros para aviones sin escolta. Los Tigres, por su parte, dieron pasadas triunfales sobre su base.
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| Una más que imponente visión en vuelo de los P-40 Tomahawk de los Tigres Voladores. Aquí también puede verse que las bocas eran ligeramente diferentes. |
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| Este es el colmo de la boca de tiburón que ha vuelto de donde partió. |
martes, septiembre 04, 2012
La increíble historia del USS William D. Porter
Los marinos pueden ser personas muy supersticiosas, algo que parece venir con la profesión, una de las más riesgosas que ha existido durante toda la historia de la Humanidad. Enfrentado a una entidad tan peligrosa y caprichosa como el mar, y en general, a todos los elementos, no es raro que esto sea así.
Según estas tradiciones navales, hay cosas traen muy mala suerte, y pueden condenar a un barco y a sus tripulaciones a todo tipo de problemas. La más conocida es que debe romperse la botella de champaña con la que se bautiza el buque.
Más de un buque ha tenido problemas luego de encontrarse con una botella muy fuerte o unas manos muy débiles al estrellarlas con una proa. Pero muy pocos buques, casi ninguno, ha tenido la seguidilla de errores garrafales, malas coincidencias y episodios de los que paran el corazón como el destructor William D. Porter en la Segunda Guerra Mundial. He aquí esa historia.
A la mar, con estruendo
Irónicamente, este buque tuvo un bautismo normal, y era una nave totalmente común, sin nada que presagiara su destino tan maltrecho.
Este destructor de la clase Fletcher, como muchos buques de la época, fue construido en serie en muy poco tiempo, y se hizo a la mar el 27 de septiembre de 1942, siendo comicionado el 6 de julio de 1943. Su capitán era el Teniente Comandante Wilfred A. Walter.
Luego de una serie de ejercicios y de los últimos ensayos de prueba en el Atlántico, partió, el 12 de noviembre, de la base de Norfolk, en Virginia. Su misión era muy importante: sería parte de una flota que llevaría al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt la conferencia de El Cairo y Teherán, en Oriente Medio. Nada mal para una nave tan joven. Las primeras instrucciones eran encontrarse al día siguiente con el acorazado Iowa, que era la nave más importante de la flota.
Nada más salir del puerto, todo empezó a torcerse. Alguien olvidó elevar el ancla y asegurarla, de manera que quedó sobresaliendo demasiado. Al moverse el barco por el muelle, la misma enganchó y arrancó los montantes y los botes salvavidas de un destructor de la misma clase que se encontraba amarrado a su lado.
Una tripulación novata puede cometer errores, y para eso están los ejercicios. Cuando la flota se completó con la llegada del Porter y otros buques, se embarcaron en una peligrosa travesía a través de un Atlántico lleno de submarinos alemanes. Teniendo al mismo presidente a bordo del Iowa, era tarea de los destructores proporcionar una adecuada escolta antisubmarina, ya que estas naves eran las encargadas de lanzar las bombas de profundidad necesarias para destruirlos.
Para tener ocupada a la tripulación y continuar entrenándola, se comenzó un ejercicio de lanzamiento de cargas de profundidad desactivadas. Nuevamente, la tripulación del Porter dio la nota, pero de una manera todavía más peligrosa. Una de sus cargas de profundidad, activadas, cayó al océano (es decir, ni siquiera fue lanzada por error, lo cual es más peligroso todavía).
La misma, al no estar asegurada, rodó por la cubierta y detonó en el océano. De pronto, toda la flota entró en pánico. Al escuchar la detonación submarina en el sonar, todos los buques asumieron lo más lógico: había un submarino alemán muy cerca y estaba disparando. Siguiendo el procedimiento, las naves comenzaron a realizar maniobras evasivas y se pusieron en alerta máxima.
Cuando se descubrió lo sucedido, la calma regresó, pero el daño ya estaba hecho. El Porter fue, de hecho, muy afortunado, ya que la carga de profundidad estaba programada para explotar a gran profundidad y no causó daños al buque. De haber sido de otra manera, podría haber tenido serios problemas. Pero incluso así, la mala suerte se cobró su cuota: la ola que causó la explosión submarina hizo que un marino cayera al agua y desapareciera. La misma ola inundó una sala de calderas e hizo que el buque perdiera velocidad.
Teniendo en cuenta este incidente, el comandante de la flota llamó al capitán del USS Porter y le llamó la atención, pidiéndole que su tripulación mejorara su desempeño. Lamentablemente, todo demostraría lo contrario.
Los ejercicios de la flota continuaron. El Iowa, a pedido del presidente, realizó ejercicios de defensa antiaérea, y luego se pasó a un ensayo de ataque con torpedos, en el que participó toda la flota. El acorazado sería el blanco, y demostraría su capacidad de esquivarlos. Obviamente se trataría de torpedos de prueba, que no tenían espoletas, de manera que su cabeza explosiva no podía detonar.
Lo que siguió fue una serie de errores que resultan incomprensibles. Luego de lanzar dos torpedos de práctica, el tercero salió al agua con un sonido totalmente diferente. Era un torpedo activo; los responsables de desarmarlos se habían olvidado de ese torpedo. Se abortó el lanzamiento del cuarto torpedo.
Ahora bien, cualquiera puede cometer un error y admitirlo. Pero había un problema. Debido a la presencia del presidente Roosevelt en el Iowa, se había ordenado el silencio de radio. El Porter no podía reportar lo sucedido. La solución era usar señales de luces. Lamentablemente el encargado de señales tampoco estaba en su mejor día: primero indicó que había un torpedo activo en el agua, pero dio una dirección errónea, diciendo que se alejaba del Iowa. Luego se equivocó de nuevo y anunció que el Porter estaba poniendo el motor en reversa.
Como el Iowa no hacía nada ante tales señales confusas, el capitán decidió romper silencio de radio, prefiriendo esto antes que dañar el buque donde viajaba el presidente. Luego de hacer esto, el Iowa comenzó a realizar maniobras evasivas, hasta que finalmente el torpedo detonó en su estela, posiblemente porque las potentes turbulencias que encontró a su paso activaron la espoleta.
La anécdota dice que Roosevelt, enfermo y en silla de ruedas, le pidió a sus hombres del Servicio Secreto que lo acercaran a la borda del buque para ver la explosión. Ciertamente se lo tomó de manera ligera, posiblemente conciente de que un solo torpedo no podía hundir un buque tan grande y blindado como el Iowa. Pero los militares no se lo tomaron tan suavemente. El Porter había disparado un torpedo contra el presidente! De manera que todos los buques de la flota apuntaron sus armas al novato destructor, considerándolo un posible traidor.
Al capitán se le ordenó abandonar el convoy dirigirse a las islas Bermudas, en donde él y toda su tripulación fue puesta bajo arresto apenas tocaron tierra, por un destacamento de marines. Era la primera vez en la historia de la US Navy que tenía lugar un hecho de estas características.
Si bien todo el caso fue rodeado de secreto, para que el público no supiera lo que había sucedido, dentro de los círculos navales estaba claro que las condenas tenían que ser claras y duras. Luego de la investigación, al capitán Walter y a muchos de sus oficiales se los sentenció a tareas en la costa: no iban a subir en un buque por mucho tiempo. El torpedero Dawson, uno de los responsables de no quitar las espoletas, fue sentenciado a 14 años de trabajos forzados. Sin embargo, de nuevo el presidente Roosevelt demostró su carácter, al comprender que todo había sido un error. Su intervención redujo la pena del marino.
No fue solamente la tripulación la que recibió el castigo. El buque fue reasignado a otro teatro de operaciones, uno mucho menos activo y visible. Se lo envió, via Canal de Panamá, al Pacífico, siendo estacionado en las Islas Aleutianas, en diciembre de 1942.
Una tarea pacífica
En los últimos días de diciembre y los primeros de enero de 1943, el Porter viajó entre diferentes bases de la zona, realizando luego ejercicios de entrenamiento en Hawaii. A partir de ese momento se le asignó tareas de escolta antisubmarina y estuvo de viaje por todo el archipiélago de las Aleutianas durante cuatro meses.
Estos días de calma fueron de los pocos en los que el Porter no realizó ninguno de sus gazapos. Finalmente,el Teniente Comandante Walter fue reemplazado por el Comandante Charles M. Keyes como capitán del buque, el 30 de mayo de 1943. Parecía que la mancha negra se estaba borrando.
El buque continuó de servicio durante cerca de un año, participando en bombardeos contra posiciones japonesas, supuestamente hundiendo una lancha torpedera y atacando un bombardero bimotor.
Luego de tanto tiempo en un lugar tan frío y desolado, el Alto Mando tal vez creyó que la tripulación hacía aprendido la lección y decidió mover el buque a una zona más activa, en donde pudieran demostrar lo que podían hacer. Una vez más, todo salió al revés. Con el buque siendo reasignado, uno de los marineros, posiblemente festejando, se emborrachó tanto que no tuvo mejor idea que disparar uno de los cañones del Porter, que estaba cargado. Por un azar del destino, el mismo estaba apuntando hacia tierra, nada más ni nada menos que hacia la casa del jefe de la base naval.
El proyectil destruyó totalmente el jardín, y por suerte no mató a nadie. Pudo haber resultado en una masacre: el oficial y su familia estaban realizando una fiesta a la que asistían varios oficiales más, junto con sus familias.
Ni qué decir que esto arruinó de manera definitiva la reputación que el buque tenía en la US. Navy. Y aún así, se hundió más.
Hacia las Filipinas
El buque no llegó a tiempo para participar en la decisiva Batalla de Leyte, pero logró, en los días siguientes, ayudar en rechazar ataques aéreos sobre los transportes invasores.
El poder interactuar con muchos otros buques en un escenario tan complejo y bajo fuego real seguramente elevaría la moral de una tripulación suficientemente castigada ya por sus problemas. Sin embargo, su mala fama era tan grande que se había construido una cruel broma. Las demás tripulaciones, al comunicarse con el buque o con sus marinos, los increpaban diciendo "¡No disparen, somos republicanos!" (el presidente Roosevelt era del partido demócrata). Ni qué decir que esto debía molestarlos bastante.
A pesar de estas advertencias, otra vez el buque protagonizó un incidente de fuego amigo, cuando le disparó a su buque hermano el USS Luce en las fases finales de la batalla de Okinawa.
Tal vez por eso se lo asignó de nuevo a una localización más tranquila, en la parte exterior del perímetro. Ahora su función era de defensa antiaérea, disparando a los bombaderos y aviones kamikaze que intentaran atacar la flota. En esta función había demostrado ser eficiente, derribando varios aviones enemigos en acciones anteriores (aunque luego de la guerra se descubrió que sus artilleros, nerviosos ante los aviones suicidas, habían derribado tres aviones propios, algo que lamentablemente sucedía con otros buques).
Durante esta última acción el Porter, utilizando su radar, pudo dar cuenta de cinco aviones japoneses. Sin embargo, una extraña coincidencia (o tal vez una tremenda mala suerte) selló su final de manera abrupta y absurda.
Uno de los aviones que atacó el grupo de buques era un modelo construido casi totalmente a base de madera y tela. Es por eso que el radar no lo detectó rápidamente y logró pasar entre las defensas.
Le pudo haber tocado a otro buque. El avión se aproximó a un barco vecino al Porter, pero los dos comenzaron maniobras evasivas mientras trataban de derribarlo. Súbitamente el kamikaze viró hacia el desventurado destructor y se estrelló a su lado. La tripulación, tensa, celebró con gritos.
Pero en lo que fue un episodio sin precedentes en la historia naval, el avión, luego de hundirse, detonó bajo el agua, alcanzando con la onda expansiva a la zona más peligrosa de todo buque: la inferior. La explosión fue tan grande que literalmente levantó al Porter unos metros.
Y sin embargo, el buque respondió como su tripulación no siempre lo había hecho. Luego de tres horas de batallar contra la falta de energía, incendios, tuberías de vapor rotas y entradas de agua, el capitán decidió que ya nada podía hacerse para mantener a flote el barco. Dio la orden de evacuación, que se cumplió en apenas 12 minutos; habiéndose asegurado que cada hombre a bordo estaba a salvo en los botes salvavidas, el capitán fue el último hombre en dejar la nave. Pocos segundos después, ésta terminó de hundirse.
El triste final de uno de los buques más infames de la historia fue coronado con una experiencia increíble y un desenlace feliz.
Según estas tradiciones navales, hay cosas traen muy mala suerte, y pueden condenar a un barco y a sus tripulaciones a todo tipo de problemas. La más conocida es que debe romperse la botella de champaña con la que se bautiza el buque.
Más de un buque ha tenido problemas luego de encontrarse con una botella muy fuerte o unas manos muy débiles al estrellarlas con una proa. Pero muy pocos buques, casi ninguno, ha tenido la seguidilla de errores garrafales, malas coincidencias y episodios de los que paran el corazón como el destructor William D. Porter en la Segunda Guerra Mundial. He aquí esa historia.
A la mar, con estruendo
Irónicamente, este buque tuvo un bautismo normal, y era una nave totalmente común, sin nada que presagiara su destino tan maltrecho.
Este destructor de la clase Fletcher, como muchos buques de la época, fue construido en serie en muy poco tiempo, y se hizo a la mar el 27 de septiembre de 1942, siendo comicionado el 6 de julio de 1943. Su capitán era el Teniente Comandante Wilfred A. Walter.
Luego de una serie de ejercicios y de los últimos ensayos de prueba en el Atlántico, partió, el 12 de noviembre, de la base de Norfolk, en Virginia. Su misión era muy importante: sería parte de una flota que llevaría al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt la conferencia de El Cairo y Teherán, en Oriente Medio. Nada mal para una nave tan joven. Las primeras instrucciones eran encontrarse al día siguiente con el acorazado Iowa, que era la nave más importante de la flota.
Nada más salir del puerto, todo empezó a torcerse. Alguien olvidó elevar el ancla y asegurarla, de manera que quedó sobresaliendo demasiado. Al moverse el barco por el muelle, la misma enganchó y arrancó los montantes y los botes salvavidas de un destructor de la misma clase que se encontraba amarrado a su lado.
Una tripulación novata puede cometer errores, y para eso están los ejercicios. Cuando la flota se completó con la llegada del Porter y otros buques, se embarcaron en una peligrosa travesía a través de un Atlántico lleno de submarinos alemanes. Teniendo al mismo presidente a bordo del Iowa, era tarea de los destructores proporcionar una adecuada escolta antisubmarina, ya que estas naves eran las encargadas de lanzar las bombas de profundidad necesarias para destruirlos.
Para tener ocupada a la tripulación y continuar entrenándola, se comenzó un ejercicio de lanzamiento de cargas de profundidad desactivadas. Nuevamente, la tripulación del Porter dio la nota, pero de una manera todavía más peligrosa. Una de sus cargas de profundidad, activadas, cayó al océano (es decir, ni siquiera fue lanzada por error, lo cual es más peligroso todavía).
La misma, al no estar asegurada, rodó por la cubierta y detonó en el océano. De pronto, toda la flota entró en pánico. Al escuchar la detonación submarina en el sonar, todos los buques asumieron lo más lógico: había un submarino alemán muy cerca y estaba disparando. Siguiendo el procedimiento, las naves comenzaron a realizar maniobras evasivas y se pusieron en alerta máxima.
Cuando se descubrió lo sucedido, la calma regresó, pero el daño ya estaba hecho. El Porter fue, de hecho, muy afortunado, ya que la carga de profundidad estaba programada para explotar a gran profundidad y no causó daños al buque. De haber sido de otra manera, podría haber tenido serios problemas. Pero incluso así, la mala suerte se cobró su cuota: la ola que causó la explosión submarina hizo que un marino cayera al agua y desapareciera. La misma ola inundó una sala de calderas e hizo que el buque perdiera velocidad.
Teniendo en cuenta este incidente, el comandante de la flota llamó al capitán del USS Porter y le llamó la atención, pidiéndole que su tripulación mejorara su desempeño. Lamentablemente, todo demostraría lo contrario.
Los ejercicios de la flota continuaron. El Iowa, a pedido del presidente, realizó ejercicios de defensa antiaérea, y luego se pasó a un ensayo de ataque con torpedos, en el que participó toda la flota. El acorazado sería el blanco, y demostraría su capacidad de esquivarlos. Obviamente se trataría de torpedos de prueba, que no tenían espoletas, de manera que su cabeza explosiva no podía detonar.
Lo que siguió fue una serie de errores que resultan incomprensibles. Luego de lanzar dos torpedos de práctica, el tercero salió al agua con un sonido totalmente diferente. Era un torpedo activo; los responsables de desarmarlos se habían olvidado de ese torpedo. Se abortó el lanzamiento del cuarto torpedo.
Ahora bien, cualquiera puede cometer un error y admitirlo. Pero había un problema. Debido a la presencia del presidente Roosevelt en el Iowa, se había ordenado el silencio de radio. El Porter no podía reportar lo sucedido. La solución era usar señales de luces. Lamentablemente el encargado de señales tampoco estaba en su mejor día: primero indicó que había un torpedo activo en el agua, pero dio una dirección errónea, diciendo que se alejaba del Iowa. Luego se equivocó de nuevo y anunció que el Porter estaba poniendo el motor en reversa.
Como el Iowa no hacía nada ante tales señales confusas, el capitán decidió romper silencio de radio, prefiriendo esto antes que dañar el buque donde viajaba el presidente. Luego de hacer esto, el Iowa comenzó a realizar maniobras evasivas, hasta que finalmente el torpedo detonó en su estela, posiblemente porque las potentes turbulencias que encontró a su paso activaron la espoleta.
La anécdota dice que Roosevelt, enfermo y en silla de ruedas, le pidió a sus hombres del Servicio Secreto que lo acercaran a la borda del buque para ver la explosión. Ciertamente se lo tomó de manera ligera, posiblemente conciente de que un solo torpedo no podía hundir un buque tan grande y blindado como el Iowa. Pero los militares no se lo tomaron tan suavemente. El Porter había disparado un torpedo contra el presidente! De manera que todos los buques de la flota apuntaron sus armas al novato destructor, considerándolo un posible traidor.
Al capitán se le ordenó abandonar el convoy dirigirse a las islas Bermudas, en donde él y toda su tripulación fue puesta bajo arresto apenas tocaron tierra, por un destacamento de marines. Era la primera vez en la historia de la US Navy que tenía lugar un hecho de estas características.
Si bien todo el caso fue rodeado de secreto, para que el público no supiera lo que había sucedido, dentro de los círculos navales estaba claro que las condenas tenían que ser claras y duras. Luego de la investigación, al capitán Walter y a muchos de sus oficiales se los sentenció a tareas en la costa: no iban a subir en un buque por mucho tiempo. El torpedero Dawson, uno de los responsables de no quitar las espoletas, fue sentenciado a 14 años de trabajos forzados. Sin embargo, de nuevo el presidente Roosevelt demostró su carácter, al comprender que todo había sido un error. Su intervención redujo la pena del marino.
No fue solamente la tripulación la que recibió el castigo. El buque fue reasignado a otro teatro de operaciones, uno mucho menos activo y visible. Se lo envió, via Canal de Panamá, al Pacífico, siendo estacionado en las Islas Aleutianas, en diciembre de 1942.
Una tarea pacífica
En los últimos días de diciembre y los primeros de enero de 1943, el Porter viajó entre diferentes bases de la zona, realizando luego ejercicios de entrenamiento en Hawaii. A partir de ese momento se le asignó tareas de escolta antisubmarina y estuvo de viaje por todo el archipiélago de las Aleutianas durante cuatro meses.
Estos días de calma fueron de los pocos en los que el Porter no realizó ninguno de sus gazapos. Finalmente,el Teniente Comandante Walter fue reemplazado por el Comandante Charles M. Keyes como capitán del buque, el 30 de mayo de 1943. Parecía que la mancha negra se estaba borrando.
El buque continuó de servicio durante cerca de un año, participando en bombardeos contra posiciones japonesas, supuestamente hundiendo una lancha torpedera y atacando un bombardero bimotor.
Luego de tanto tiempo en un lugar tan frío y desolado, el Alto Mando tal vez creyó que la tripulación hacía aprendido la lección y decidió mover el buque a una zona más activa, en donde pudieran demostrar lo que podían hacer. Una vez más, todo salió al revés. Con el buque siendo reasignado, uno de los marineros, posiblemente festejando, se emborrachó tanto que no tuvo mejor idea que disparar uno de los cañones del Porter, que estaba cargado. Por un azar del destino, el mismo estaba apuntando hacia tierra, nada más ni nada menos que hacia la casa del jefe de la base naval.
El proyectil destruyó totalmente el jardín, y por suerte no mató a nadie. Pudo haber resultado en una masacre: el oficial y su familia estaban realizando una fiesta a la que asistían varios oficiales más, junto con sus familias.
Ni qué decir que esto arruinó de manera definitiva la reputación que el buque tenía en la US. Navy. Y aún así, se hundió más.
Hacia las Filipinas
El buque no llegó a tiempo para participar en la decisiva Batalla de Leyte, pero logró, en los días siguientes, ayudar en rechazar ataques aéreos sobre los transportes invasores.
El poder interactuar con muchos otros buques en un escenario tan complejo y bajo fuego real seguramente elevaría la moral de una tripulación suficientemente castigada ya por sus problemas. Sin embargo, su mala fama era tan grande que se había construido una cruel broma. Las demás tripulaciones, al comunicarse con el buque o con sus marinos, los increpaban diciendo "¡No disparen, somos republicanos!" (el presidente Roosevelt era del partido demócrata). Ni qué decir que esto debía molestarlos bastante.
A pesar de estas advertencias, otra vez el buque protagonizó un incidente de fuego amigo, cuando le disparó a su buque hermano el USS Luce en las fases finales de la batalla de Okinawa.
Tal vez por eso se lo asignó de nuevo a una localización más tranquila, en la parte exterior del perímetro. Ahora su función era de defensa antiaérea, disparando a los bombaderos y aviones kamikaze que intentaran atacar la flota. En esta función había demostrado ser eficiente, derribando varios aviones enemigos en acciones anteriores (aunque luego de la guerra se descubrió que sus artilleros, nerviosos ante los aviones suicidas, habían derribado tres aviones propios, algo que lamentablemente sucedía con otros buques).
Durante esta última acción el Porter, utilizando su radar, pudo dar cuenta de cinco aviones japoneses. Sin embargo, una extraña coincidencia (o tal vez una tremenda mala suerte) selló su final de manera abrupta y absurda.
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| El Porter, escorado, es asistido por otro buque. |
Le pudo haber tocado a otro buque. El avión se aproximó a un barco vecino al Porter, pero los dos comenzaron maniobras evasivas mientras trataban de derribarlo. Súbitamente el kamikaze viró hacia el desventurado destructor y se estrelló a su lado. La tripulación, tensa, celebró con gritos.
Pero en lo que fue un episodio sin precedentes en la historia naval, el avión, luego de hundirse, detonó bajo el agua, alcanzando con la onda expansiva a la zona más peligrosa de todo buque: la inferior. La explosión fue tan grande que literalmente levantó al Porter unos metros.
Y sin embargo, el buque respondió como su tripulación no siempre lo había hecho. Luego de tres horas de batallar contra la falta de energía, incendios, tuberías de vapor rotas y entradas de agua, el capitán decidió que ya nada podía hacerse para mantener a flote el barco. Dio la orden de evacuación, que se cumplió en apenas 12 minutos; habiéndose asegurado que cada hombre a bordo estaba a salvo en los botes salvavidas, el capitán fue el último hombre en dejar la nave. Pocos segundos después, ésta terminó de hundirse.
El triste final de uno de los buques más infames de la historia fue coronado con una experiencia increíble y un desenlace feliz.
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